No llueve, el calor resbala por las hojas de las tipuanas y se acumula en los adoquines, un perro marca su territorio en la misma farola que lo han hecho otros cien y se queda mirando al sol con el hocico chispeante de luz, como una gelatina negra, y las patas llenas de ladrillos calientes. Una mujer con vaqueros se apura con un carrito de bebé que no es suyo y atraviesa el paso cebra sin miramientos, se pierde con otras chachas en las colas de los supermercados, y otra mujer, negra, se escama la caspa a la sombra de un muro que espera en vano los primeros líquenes del otoño. Bosteza la negra y entona un canto a capela de los que ponen en los documentales, étnico y precioso sube hasta mi ventana a pesar de los gañidos de las motos de pequeña cilindrada, sube a ráfagas y me siento otro que no soy yo sin saber qué puede significar tal cosa y pienso: Un niño de mamá muerta aprende a escribir en el colegio, mi mamá me mima... , y desde que empezó con la eme las hojas mojadas no le gustan a la seño que ya no sabe qué hacer con tantísimo desconsuelo inútil.
Dos hombres se ceden el paso sin decisión porque el calor que carece de identidad los rodea y se les instala en el velo del paladar y en los brazos cansinos y desganados a ratos, hasta que llega el ejecutivo de pantalón pitillo y con la tirana cortesía de su maletín los obliga faltaría-más-no-por-dios-ustedes-primero a pasar delante, sostiene la puerta triunfal, como no, nacido para trepar, infalible.
No llueve, los cristales reflejan el polvo de la calle con sabor a escombrera y al aburrimiento de las cosas quietas. La canción étnica se fue con la negra a rascarse los pelos a otro muro de esta ciudad llena de aceras y asfalto de tiempo inmutable. Ni una gota cae.

21 comentarios:
Ni una gota cae, como en muchos lugares de Santiago nomas.
Menos mal que aún no se han venido los calores.
Creo que el calor siempre carece de identidad. O mejor dicho, no es que él carezca de identidad sino que trastoca todo lo demás, hace que el mundo se vea distorsionado a través de su temblor cegador. Entonces, lo que es agradable o acostumbrado, bajo el calor se vuelve hostil.
El verano es para los ricos, al igual que el invierno.
Este último pensamiento me alarma bastante.
El calor excesivo es una hipérbole para el hombre; aumenta de consideración la tendencia -natural- a la locura.
Creo que tu texto habla de hastíos y habla también de anhelos; estos últimos, a los ojos del narrador, con tintes quiméricos. Anhela con poca fe una respuesta mayor "la seño"; anhelan criterio y decisión los peatones; anhela su mundo la negra... Y el autor anhelaría el deseo de poder concederles a todos sus gracias.
No llueve, y todo parece inmutable y lánguido.
Encantada de leerte.
...el calor..., la quietud..., una buena disculpa para justificar...,¿qué?
Siempre me ha gustado ese zoom ampliado con que enfocas lo que otros nunca ven.
Tengo calor a pesar del frío.
"Un niño de mamá muerta aprende a escribir en el colegio, mi mamá me mima... ,"... Me gusta esto.
Sinuosa.
En ocasiones me pregunto si existe en ti alguna parte blanda...
Incluso de tus más delicadas acuarelas emana esa dureza de palabra que hace que todo lo relacionado contigo me huela a salado.
Algunos, cuando se aburren, sólo saben bostezar y frotarse los ojos. ¡Con lo que da de sí mirar, o imaginarse que se mira, por una ventana!
Un besso,
4ETNIS
PD. ¿Mantienes tu dirección de correo? Porque el messenger, en según qué situaciones, también daba bastante de sí... ;)
Por cierto, Gin- Gin, ¿no te llamarás Hank en homenaje al prota de Californication, verdad?
La verdad es que te pegaría bastante...
Y si no has visto esa serie te la recomiendo, pues peca, al igual que vos, de una falta casi absoluta de convencionalismo.
Un besso,
4ETNIS
Me voy unos días al extranjero. Os veré tranquilamente a la vuelta.
Abrazos a todos.
Es curioso, desde hace tiempo vengo observando un fenónemo que se repite sistemáticamente en todo libro que se precie: en algún momento ha de llover, bien sea una llovizna desabrida, mustia, o un chaparrón de los que hacen época.
Tal vez por eso me ha gustado que en tu relato no lloviera, que ni una gota caiga. Cosas mías.
Al margen de la lluvia, me encantó eso de las patas llenas de ladrillos calientes; una imagen muy buena.
No sé cómo lo haces, pero disfruto de esa mirada tuya con tintes de grisura, quizá tenga que hacérmelo ver.
Feliz estancia en el extranjero y nos leemos a la vuelta.
Llegue navegando entre enlaces a tu blog, he encontrado una que otra coincidencia y me ha encantado. ¡Saludos!
Hola, Jorge. Feliz primavera santiagueña (no te anticipes).
Gilda, el verano, como el invierno, es para los afortunados. No te alarmes.
Raúl, anhelar con poca fe, ahí está quid de todo el asunto.
Antídoto, encantado de conocerte.
Sinuosa, qué bien me sabes. Cuánto honor.
Gracias Hank, igualmente.
Soy un coleccionista de imágenes, Hank, una especie de trapero de sensaciones escritas. Así que vengo aquí y siempre recolecto algo que me haga pensar y aprender.
Hoy me llevo las patas de un perro llenas de ladrillos calientes y la niña de una mamá muerta. Siempre hay algo en este lugar para mi adicción.
Y no, Hank, no:
Los juegos de palabras son un recurso cojonudo.
(Un abrazo de amigo antiguo, abrazo cómplice)
te he dejado una nota en el texto que me dijiste.
Gracias, Viajero. Fue feliz, y tan corta la estancia como intensa la interacción humana: un desprendimiento de voluntades se nos escapaba al amanecer y volaba por encima de las borregas y las altas hierbas marrones, en varias direcciones y se enredaba un poco en las aristas de los coches, de los nuestros y de otros que pasaban en dirección contraria, y en las antenas de viejos televisores sin acceso a cable en edificios de madera no muy modernos. Eso sucedía a cada instante, curva más o curva menos, que las intenciones se dispararan en sentidos opuestos y a pesar de todo la armonía que desciende sobre nuestros cuerpos mortales cuando descubrimos que no sabemos a qué hemos ido a Irlanda ni nos importa. Desgarrones, rozaduras, y el sabor intenso de los mejillones que me procura la marea baja. Un ¿qué hago yo aquí?, y un ¿y entonces dónde? por respuesta. Uy, todo el rato a punto de encontrar la llave inexistente, pero no lo conseguí.
Lula, mantengo todo lo que tú pudieras conocer que mantenía. Eso sí, apuntaladas sus ruinas, pero ni veinticinco novelistas perdedores y rabiosos acabarían a puntapiés con el altar al que me encaramas cuando me miras libre, tú, sin intermediarios literarios, con esas palabritas tan sensatas que ponen al mundo, al contrario que las mías, en su justo sitio: en el centro del ojo del culo de dios.
La nitidez me clava a ti con alfileres.
Qwerty:
Ya sabía yo que si alguien iba a venir a recoger mis restos serían los traperos: para ellos escribo, ahora lo sé, y me alegro.
Acepto tu abrazo, cómplice y, entre hombres, un poco ambiguo. Lo acepto y te aprieto más para que pienses: qué provinciano es ese tipo, joder, que se toma las cosas al pie de la letra. Y así es, lustrándole los pies a las letras para que salgan a desfilar encandilonas y brillantes y el lector deslumbrado no sepa del todo de qué hablan. O que casi no sepa nada.
Las reglas del juego son las que son, Hank. Y entre ellas está la de la limitada extensión del relato, con lo que hacer encajar la más certera de las historias a mi alcance, sería, obviamente, el principal objetivo.
Darte las gracias por la corrección ortográfica. Con la de comentaristas que entran en mi blog, y que ninguno se haya percatado de las faltas que tú has detectado. ¡Vaya por dios!.
El tema de la psicología de los personajes, si que es algo que me preocupa, y de hecho supone el mayor de los quebraderos de cabeza, a la hora de encarar un texto de esta extensión. Los límites son muy estrechos. Es verdad.
La justificación del desenlace de la historia (abrupto desde el punto de vista de lo que se lee, ciertamente) en el caso de que la necesitara, no se sostiene en el motivo de la infidelidad; no me consideres tan “ligero”, por favor. Las claves (mis claves) se escondían en la soterrada relación existente entre las hermanas. Es el fracaso de la confianza fraternal, el que hace que la protagonista actúe de tal manera. Ésa al menos era mi intención. Verbigracia: fíjate que insinúo que son huérfanas, con lo que pretendo fortalecer a ojos del lector, el ligamen existente entre las hermanas; fíjate también que no parecen sólo buenas amigas, sino incluso íntimas, pues puede perfectamente deducirse de lo que leemos, que sus fines de semana se circunscriben a su recíproca compañía; fíjate en que la parricida se refiere (por boca del narrador) a “mi ojito derecho” al dirigirse a la hermana pequeña, con lo que pretendo de nuevo dar muestras de cierta ascendencia de una hacia la otra; fíjate así mismo que se utilizan como confesoras y celosas guardianes de los secretos de la otra (sus cuitas y fantasmas maternales, los cuenta en un aparte, sin la presencia masculina).
No acierto a entrever de dónde deduces el ambiente que rodea a los personajes del relato (poco propicio según tu opinión, para tan sanguinarios finales). Seguro estoy, que no has pretendido insinuar que tan simplón desenlace, tan solo es propio de otros estratos sociales. Sea como fuere, no he pretendido dar ningún apunte significativo sobre su condición social o su nivel cultural. No me parecía relevante.
En esta serie de relatos unidos por el mismo nombre de etiqueta, en esta pequeña colección de micro-relatos, he pretendido principalmente “revolver” al lector, darle una impresión telegráfica e impactante de aspectos cotidianos de lo más invisibles, que están sujetos, sin embargo, a mutaciones inesperadas por culpa del azar o del error humano.
No sabes cuánto te agradezco tu opinión. Siempre he dicho que comentaristas de envergadura (no, no hablo del exceso de peso que podáis tener) son los que enriquecen un blog. El mío, por ejemplo.
Gracias, una vez más.
Pd.- Publica una nueva entrada, por favor.
Combino con algunos, que las patas llenas de ladrillos calientes eleva tu texto sin embargo:la negra, las chachas,hummmm, no sé no sé.
Un saludo!
Gcc.
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