La hélice del aeroplano se eleva despacio en la bóveda de la mañana, el rumor se acerca y se aleja en vaivenes de aire hasta que lo engulle el silencio de una esquina del cielo, muy alto a la derecha. Dos moscas, o más, zumban en los planos de sol que atraviesan la ventana y calientan el polvo suspendido en la quietud. Un vidrio estalla quedo, limpio, una raja atraviesa instantánea el cristal, la luz fractura uno de los cuadrados transparentes en dos triángulos de claridad; puedo ver el percance por el rabillo del ojo: el cristal desgajado de esquina a esquina no se ha desprendido de su marco. Una mosca me tantea los orificios de la nariz, salta, dibuja una zeta veloz, aterriza en la boca y sobresalta a otra que anda palpando las grietas de mis labios. Otra más se une a la recién espantada en una espiral persecutoria y ambas, o tal vez más, se detienen cráneo adentro, donde alguna vez tuve pelo, cuando los días corrían fugaces en el vigor de la juventud.
Unos pasos se acercan arrastrando un par de zapatillas con frufrú de medias de nailon a la altura de los muslos, se detienen muy cerca y me desplazan hacia la izquierda, a un lugar más oscuro, de sombra, para que el sol deje de morderme la piel. Manos regordetas ahuyentan las moscas de la cara, me cierran la boca, colocan un pañuelo estirado que me cubre la cabeza, abren la ventana: puedo oír el chirrido delgado de un gozne. La brisa que entra de pronto me acerca la vibración del cristal astillado. Un momento antes de que el siseo de muslos se aleje y regrese por donde ha venido estalla un estornudo. Cuando las pisadas, distantes ya, se han fundido con el silencio remoto de la estancia me rodea un fuerte olor a saliva.
Y vuelve la quietud de fondo otra vez, ahondada por un murmullo de hojas agitadas que sube hasta la ventana. Restos de graznidos atraviesan la uralita y me llegan apagados desde el confín del horizonte, en el límite del firmamento, donde una bandada de grajos cruzará la luz abierta como una nube de hormigas. El zumbido de las moscas se va incorporando por caminos zigzagueantes al paisaje sonoro. Se dejan caer sobre el pañuelo y lo recorren con sus patitas de aquí para allá, buscándome. El sonido de cremallera exigua de sus carreras sobre la tela me apacigua el ánimo. El olor del estornudo se hace familiar en el recuerdo y, un momento después de que una sombra con patas atraviese la planicie traslúcida del pañuelo que me cubre los ojos, sé que voy a quedarme dormido de nuevo.

13 comentarios:
No entendí quién habla. O qué le pasa al que habla.
:(
Un abrazo, Hank.
¡Qué bueno, Hank!
Qué bullicioso ha de ser el silencio de los seres que no existen.
Gracias, un disfrute.
Qwerty
Lo leo dos veces y no sé...
Me parece que es un viejo el que habla, pero no me queda claro si es que habla desde la muerte o es que está impedido y paralizado por alguna enfermedad terminal o algo aterrador.
Las imagenes que atrapas con ese zoom especial que tienes, como siempre, son lo mejor, y la razón por la que te sigo.
Pero estoy un pelin perdida, ya te digo.
Feliz Año
aquí otra perdida ( y lo he leído más de dos, conste)
(¿se portaron bien los reyes? ah, que no eres de reyes, pues vale, burbujeante día)
Pues yo no sé si me he perdido. Lo que he visionado es a un anciano, éste sí, perdido, aislado, incomunicado en su mundo de zozobras y casi-memorias, aparcado frente a una ventana soleada de un asilo.
Como un planta a la que se riega (bendito estornudo que le hace parecer todavía un ser vivo) y se deja al sol, para que sobreviva la invierno.
Y si no es eso, me da igual: es un texto casi demasiado hermoso para la desnuda tristeza que contiene.
Te sigues superando, jefe.
Un beso. O dos. O los que quieras, que hoy es día de no escatimar en lo que se regala.
Hank, leyendo los comentarios, no sé si he sentido de repente la necesidad de analizar y buscar una historia -posiblemente equivocada-
Al margen de lo que haya podido encontrar que en realidad me ha parecido algo así como la visita de las Parcas, lo que sí he encontrado en un texto brillante, como siempre...en la línea de lo que nos tienes acostumbrados.
Gracias por compartirlos, creo que no te he deseado un feliz año, así que queda dicho...
Besos
Queridos amigos, me consta que el texto íntegro –tanto el contenido como la forma- es incómodo y difícil, y que el sentido de las lecturas quizás dependan más de cada cual que de lo que yo haya querido expresar. En mi descargo os confieso que disfruté como nunca escribiéndolo: el mejor motivo que conozco para haberlo hecho.
Me identifico absolutamente con el comentario de Qwerty cuando hablas del bullicioso silencio de los seres que no existen, y con la parte de Sinuosa que insinúas algo parecido al zoom de los sentidos. Por supuesto, Exilio das en el clavo en cuanto a que el personaje es si no un anciano sí un ser desvalido, y cuando hablas de lo hermoso de la desnuda tristeza me recuerdas que lo que pretendía mostrar es un destello de la otra vida –no de la muerte, sino de la vida escondida- y de la intensidad que se puede perdibir entre la quietud y la soledad.
Como bien dice Alkerme, creo que los comentarios previos inducen a la necesidad de analizar y encontrar una historia que realmente no existe. Al menos no por ahora, porque lo que sí tengo es intención de seguir indagando los rincones de ese ser humano indefenso y solo.
Un abrazo a todos.
Me has hecho recordar al personaje de "Johnni cogió su fusil". Me has hecho rezar por su muerte.
Me creo eso de que hayas disfrutado con su escritura. Es de esos textos llenos de vericuetos que a uno le encanta explorar y permitir, a su vez, que otros después descubran.
Abrazos.
Ah, pues yo he pensado en un secuestrado que ha aprendido a ver la realidad cotidiana a su alrededor sin ojos, porque los lleva vendados. Y el tiempo se le espesa por eso mismo.
En cualquier caso, está estupendamente escrito.
El título y el personaje que no acaba de perfilarse me sugieren a un ser inerte y desde esa mortaja contempla resignado la vitalidad del paisaje que le rodea, en fin, sea como fuere lo que sí es cierto es que es literatura de la buena.Ha sido un deleite que merece segunda lectura.Hasta el próximo.
Saludos!
Gcc.
Por cierto:qué cantidad de zetas!
Ya lo apuntan otros y tú mismo: el texto queda abierto a interpretaciones, la realidad del personaje no queda clara y bien pudiera ser un viejo en su lecho de muerte, el secuestrado que apunta Bárbara, o simplemente alguien, no necesariamente viejo, que ha decidido bajar los brazos, hasta aquí hemos llegado, se ha dicho.
Como cuento creo que deja demasiadas cosas sin resolver, pero reconozco que la imagen que creas, el personaje que insinuas tiene fuerza, no es de extrañar que hayas disfrutado con la escritura. El texto se me antoja el comienzo de una historia, que espero escribas. Por la desolación, soledad y angustia que transmite, me ha recordado en parte a La carretera, la excelente novela de Cormac McCarthy.
Por cierto, a mí también me ha llamado la atención la cantidad de zetas que hay en el texto.
Abrazos.
¿Y qué importa quién habla? El texto está bien como está. A las canciones nadie les pide concreción, asi como tampoco hay que pedirsela a la literatura.. no siempre hay que buscar una historia o una confesion o una carta; por esa regla de tres la mitad de los libros no tendrían sentido..
saludos..
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