miércoles, abril 29, 2009

La tormenta

De madrugada, la lluvia comenzó a mojarle el abrigo raído. El hombre juró en voz alta y pensó que ojalá lloviera dinero, un buen chaparrón.
Pronto oyó a su lado un golpe sordo seguido de un tintineo. Recogió la moneda de euro y la observó en la palma de la mano: el choque contra el adoquín la había doblado. Escuchó más colisiones alrededor, como balazos, y sonrió con la boca abierta buscando las monedas. Entonces la lluvia arreció y saltó hecho añicos el parabrisas de un coche cercano. Se asustó cuando comprobó que las que caían de canto atravesaban el capó de los coches como si fuera de mantequilla. Corrió con las manos en la cabeza, rodeado por el fragor metálico, pero uno de los discos impactó en su hombro y lo lanzó contra la acera antes de conseguir refugiarse. Expuesto a la lluvia en toda su longitud, los pequeños proyectiles se le clavaban en la carne con facilidad.
Antes de perder la consciencia un relámpago iluminó a lo lejos la imagen de una casa aplastada por el peso de las monedas, donde la tormenta descargaba con furia.

10 comentarios:

Javier Luque dijo...

Coño, podían llover billetes, no hace falta tener tan mala leche.

Un abrazo,

Sinuosa dijo...

¿Ves?, el dinero no trae mas que problemas.
Un detallín que me llamó la atención:

"... pero uno de los discos impactó en su hombro y lo lanzó contra la acera.."

Esa frase no me resulta "creible", ¿qué disco?, ¿el de una sola moneda?, no sé..., por mucha fuerza que traiga, una sola...
En cuanto al verbo "lanzar", a mi me parece más apropiado para el desplazamiento en horizontal, hacia una pared o algo así, pero no hacia el suelo ¿Qué tal "derribar", o "tumbar"?

Salvo esa minucia, el relato es muy original.
Un abrazo.

PD: corregí mi relato "Encuentro", en el apartado que me comentaste y que te confundía (a ti y mucha gente más). Qwerty me dio algunas ideas. Si te pasas por allí me gustaría que me dieras tu opinión (una opinión que siempre valoro mucho).

Amaia dijo...

Con el dedo en la llaga Hank, el poder del dinero es devastador como muy bien planteas.Y el hombre débil!Hace días que leí la entrada anterior, muy real las reacciones humanas?Sigues tan espléndido como siempre.
Un abrazo!

alkerme dijo...

Genial, como siempre.

Bien, vale, bueno, de acuerdo dejaré de pedir que llueva monedas... siempre será mejor que pedir que llueva café en el campo, (pobre sector cubierto de café...)

Raúl dijo...

Hubiera jurado que ya me había pasado por aquí a dejar un comentario, que venía a decir al go así como que tras leerte, uno confirma que el dinero no sólo no da la felicidad, sino que además nos deja el cuerpo lleno de moratones.
Casi que preferiríamos que lloviera café, como decía la canción.

Yose Álvarez-Mesa dijo...

Buena historia, Hank. Da que pensar.
Un abrazo
Yose

Arcángel Mirón dijo...

Cuidado con lo que deseas.

Tendría que haber deseado lluvia de cheques en blanco.

Hank dijo...

Bueno, Javier, puesto a desear, quizás hubiera preferido fajos bien atados que billetes sueltos, para recogerlos con más facilidad y eficacia, con lo que el resultado no creo que hubiera sido muy diferente.
A la hora de pedir deseos monetarios hay que especificar con tanto tino que siempre dejaremos algún cabo suelto por donde se colará esa cosa torcida que siempre acompaña a la abundancia desmesurada de efectivo.
Un saludo, amigo. Si tan sólo tuvieras la mitad de suerte que buen hacer con las letras, estarías fácilmente accesible en las librerías y yo tendría la suerte de poder elegir.

Sinuosa, me gusta más tu relato ahora.
En cuanto al problema que me planteas de la moneda, quizás tengas razón en que una sola puede que no desequilibrara al hombre porque simplemente lo atravesaría sin más, como si fuera de gelatina. Te cuento.
Una bala disparada con el arma más potente, digamos un fusil o una ametralladora, alcanza una velocidad de 1.000m/s. En cambio, una moneda en caída libre desde unos tres mil metros de altura, al llegar al suelo lleva una velocidad de 60.000m/s, o sea, va a una velocidad sesenta veces superior. Por supuesto, son unos cálculos groseros, pero si no me equivoco van por ahí los tiros (nunca mejor dicho, jejeje).
Un beso grande.


Gracias, Amaia, me honra tener lectores inteligentes como tú, sinceros, de los que me puedo fiar. Tu criterio cuenta mucho para mí.
Un abrazo enorme, y me mantengo a la espera de tus noticias.

Alkerme, el café viene a ser con el agua, a fin de cuentas una lluvia más, aunque negra, soportable. Ahora, si lo que llueve son granos de café, entonces… Sabes cuánto me gusta verte por aquí: gracias por venir.

Raúl, el dinero proporciona comodidad, velocidad, abundancia material, adulación, etc., pero la felicidad es otra cosa, y tiene muy poco que ver con todo lo anterior.

Hola Yose, te he visitado y casi me caigo de la silla cuando he visto tu currículo. Gracias por visitarme y dejarme unas palabras. Pasaré a verte con tiempo.

Qué loco, se me había ocurrido desear una lluvia de Gildas a bote pronto. Qué imprudente, eh. Una lluvia de Gildas… Hummm…

El Viajero Solitario dijo...

Una escena cargada de fuerza, la de la lluvia de monedas.
Tiene un cierto regusto al dicho “cuidado con lo que deseas, que puede acabar cumpliéndose”, que me deja un tanto confuso. Quizá, si suprimiera la parte en que el protagonista desea que llueva dinero, el micro resultara más redondo. Simplemente, sale a la calle y comienza a llover monedas, así, de pronto.
Del resto, ni una coma tocaría, de tan bien descrito.
Mis felicitaciones, Hank.

Hank dijo...

Gracias por la sugerencia, Viajero.
Estás en todo y, aunque realmente yo partía de ese "cuidado con lo que deseas", los regustos son restos indeseables que no me agradan en absoluto. Quizás debería confiar más en la lucidez de los hipotéticos lectores a los que van dirigidos mis textos y no dejar asomar esas rebabas tan evidentes.
Un abrazo palmeado, amigo.