Lo primero; una mirada a vuelo raso: otear rebordes aéreos en los alerones de los dedos, buscar ángulos prominentes al descuido, como a bote pronto; esquinas elevadas, cúmulos de queratina a lo largo del perímetro uñal, padrastros, compadres, pellejos y guedejas de piel con pretensiones independentistas entre la carne y el tejido que vamos a perpetrar en breve. Todo esto, por supuesto, pensando en otra cosa: el plazo de la hipoteca, la extinción de la foca monje, el próximo reconocimiento médico, etcétera.Localizado el objetivo, acometer un estudio, aunque más detenido, rápido ―a fin de cuentas no se trata más que de una uña―, contrastando su contorno con la parte alta de la yema del dedo antes de empezar a esculpir. Salivear el trozo de nuestro interés y dejar a remojo mientras nos dedicamos con esmero a los dedos adyacentes, discurriendo, por ejemplo, sobre el potencial desequilibrante de Leo Messi, en bajar luego a por tabaco, en que no por mucho madrugar el vaso estará medio vacío.
Reblandecidas tres o cuatro, iniciamos un recorrido circular desde la primera, tanteando la tersura de las excrecencias con los incisivos. Desmenuzamos una esquirla y tiramos con cuidado. Si duele es porque la estamos arrancando de raíz: desistir del empeño y morder con tino hasta que la astilla quede suelta sobre la lengua. Llegados a este punto, el residuo debería escupirse al aire, pero ―y esto va en gustos― bien podría triturase diente contra diente hasta conseguir una pulpa fácilmente ingerible. Opción que, por otra parte, proporciona al sujeto un tiempo añadido para reflexionar sobre, digamos: el nefando desperdicio de las uñas de los pies, tan lejanas; si es posible que de verdad existan las siglas CONCAPA; la inquebrantable decisión de dejar de fumar la semana que viene.
Aplicadas estas instrucciones con éxito en el primero, es fácil proseguir desde este punto, dedo a dedo, hasta perfilar los diez a los que normalmente tenemos acceso en ausencia de defectos genéticos o amputaciones ―a no ser que seamos contorsionistas para alcanzar los de las extremidades inferiores o alguien nos preste los suyos para proseguir la faena en otras manos―.
Una variante de la técnica aquí explicada, consiste en roer en lugar de partir, pulir los filos con los incisivos directamente, como haría cualquier conejo con una zanahoria. Es ésta una metodología muy extendida que, al contrario que la expuesta, proporciona un hilo de pensamiento secuencial y sin interrupciones que bien podría dar lugar a reflexiones de primer orden sobre temas cruciales y delicados.
Buen provecho.

20 comentarios:
Jajaja,Hank,eres genial,nunca imaginé que la cosa diera para tanto,pero claro,motivos para engullirlas hay de sobra,y si a eso añades y por casualidad es real-la decisión inquebrantable de dejar de fumar la semana que viene-pues mejor te compras el manual para mancos que te van a faltar incisivos.Lo dicho,tienes imaginación para lo que sea y eso,en un mundo tan plano,es una gran cualidad.
Un beso grande muy grande,qué digo,dos!
Fantástico.
Aunque vagamente, en el tono, en las texturas, me has recordado la única novela (creo) que tiene editada el también actor Miguel Rellán.
Divertido y muy bien escrito este relato.
JAJAJAJ, qué bueno...
Me encantan los textos que me hacen reir. Lo digo siempre: ¡qué difil es conseguirlo! Y que mal se perdona a quien lo intenta y falla.
Como siempre, el zoom enfocando con acierto esos detallinos que nos hacen tan humanos... No dejes nunca el catalejo en casa. Es tu punto fuerte.
Gracias por las risas.
Un brazo.
Hola Hank, acabo de llegar y espero volver a menudo.
Confieso que las de los pies las rebajo con las de las manos, obteniendo un delicado placer si mientras lo hago consigo no pensar en conseguir un cortauñas.
Un saludo.
Tuve una época, allá por mis 11 o 12 años, en que me comía las uñas. Mis dedos parecían empanadas.
No usaba una técnica especial, sólo mordía y mordía. Ves, ni siquiera lo hacía con elegancia.
... a mí también me gusta mucho leerte (aunque te comas las uñas o dejes de fumar...)
Un beso.
A.
Pues es el manual mejor escrito que he leído nunca, en general me duermo en la primera línea, por eso no sé programar el vídeo y en la lavadora la ropa cambia de color...
¿Así que onicófago? sólo por el nombre hay que dejar de hacerlo. Un abrazo.
Ah, está muy bien este breve manual. Eso que yo no me como las uñas, siempre me ha dado mucho asco. Pero nunca dije nada contra quienes lo hacen porque ya se sabe que sobre gustos no hay nada escrito. Gracias por publicarlo.
Autocrítica:
Vale, Hank, escribes de puta madre, tío, todo correcto y bien contado y pallá y pacá y blablablá..., pero ¿qué cojones estás diciendo?, ¿qué coño tienes en la cabeza, qué quieres decir, dónde está el puto aporte?
Vete a la mierda un rato, cabrón, y cállate.
No desesperes corrector que todo llega,hasta la inspiración.Saludos!
Hank dijo:
"... ¿dónde está el puto aporte?"
Ese aporte que buscas, ¿es el que quieres para tus lectores o el que quieres para ti?
¿Sientes que caíste en lo mismo que detestas: el relato jocoso que muchos tildan de inferior? Ojalá no sea así, lo lamentaría.
Por ti, no por mí.
Sinceramente, a veces me harta tanto dramatismo, y tanta trascendencia. A mí me gusto. Debe ser que soy muy simple... y bla-bla-bla...
:(
No siempre es necesario trasladar un mensaje; o mejor dicho, a veces es la belleza del propio texo el único mensaje. Viene a cuento por lo de tu autocrítica.
En cuanto a tu comentario en mi blog (me encantan tus comentarios) el adjetivo utilizado "mísero", deberíamos de tomarlo de forma descriptiva, en su última acepción, es decir "de poco valor", y no como elemento de juicio del personaje.
Si hubiera sido otra mi intención, coincido contigo; el relato sería una mierda... en el caso de que ya no lo sea.
Abrazos.
Gracias por tu visita, Hank, y bienvenido.
Hoy vengo sin almorzar y mis tripas rugen. Lástima que no tengo con qué acompañar mis uñas, que si no.
Pero seguiré tus instrucciones si la crisis continúa haciendo estragos.
Nunca me he comido las uñas pero si he de empezar alguna vez seguiré tus estupendas instrucciones.
Un texto espléndido.
Gracias por pasarte por mi casa y como regalo de bienvenida un poema de Carlos Marzal en mi voz:
pluscuamperfecto de futuro
Saludos
A mi no me gusta comerme las uñas porque son duras, pero las cutîculas sî.
Seguiré tu manual. Te he ido leyendo por aquî y por allî, y me adentré comiéndome las cutîculas y sin pedir permiso...
Pero volveré si me lo permites, pues me gusta lo que he ido leyendo.
Es lo más parecido a la mismísima realidad, por lo que, o te comes las uñas “con loca pasión” o has pasado largo rato mirando cómo lo hacía otro....
Genial!
Pero Hank, ¿siempre tiene que haber un puto aporte?
Bien, creo que la autocrítica de Hank ha sido brillante. Entiéndaseme, demasiado dura. Pero estoy seguro de que la ha escrito porque sabe que hay quien puede pensar eso cuando le leen. Todos los que escribimos de vez en cuando podríamos hacernos autocríticas de ese estilo, y todos acertaríamos parcialmente por muy duros que fuesemos con nosotros mismos.
Yo alguna vez sí he pensado eso leyendo textos de hank, y no sé por qué exactamente. Creo que porque más allá del chascarrillo no me hacían sentir nada, y me veía teniendo que hacer un esfuerzo por ser yo quien abordara el texto en lugar de ser el texto el que me agarrara a mí por la solapa.
Me extiendo porque me parece un tema interesante. No sé si un texto tiene que aportar algo necesariamente. Pero creo que sí debe ser lo suficientmente visceral y magnético como para enganchar al lector un poco más allá de la gracia sutil o el intento de hacer literatura con originales metáforas o descripciones (y aquí ya hablo en general, y no necesariamente refiriendome a hank).
En fin, yo sí espero haber aportado algo con este comentario.
saludos.
Amaia, ni fumo ni me como las uñas. Mi imaginación, al contrario de lo que tú dices, pienso que es rudimentaria y raquítica, más bien es cuestión de fijarse.
Raúl, no he leído nada de Miguel Rellán, ni siquiera lo conozco, pero si a ti te ha gustado debe ser interesante. Me alegra que te gustara mi intento Cortaziano.
Sinu, no te preocupes: el zoom lo llevo injertado en la pupila, no sabría vivir sin él.
Crónico, vuelve cuando quieras, estaré encantado, las visitas serán mutuas.
Gilda, me gustaría haberte visto para juzgar por mí mismo la elegancia de tus gestos.
A. , cariño, ni me como las uñas ni fumo. Sigo igual.
Bárbara, hay pocas mentes tan brillantes como la tuya a mi alcance: tus palabras son bombitas de placer.
Juanaragón, recién leí tu carta que te responderé por el mismo medio. Siento el retraso, pero aquel correo se me quedó obsoleto y entro poco. Por supuesto, tu misiva me hizo llorar.
Hank, me temo que tu autocrítica es un cuchillo de dos filos, tú verás por qué y si es o no como te digo. Qué aportas: ¿otra forma de mirar lo mismo, de ver las cosas con otro prisma?, ¿una postura –al fin y al cabo, sí- ante la vida?, ¿una manera de sentir lo cotidiano?, ¿la extraña y simple simbiosis entre el pensamiento y los actos aparentemente mecánicos?, ¿una determinada línea de asociación de ideas?, ¿el reflejo de una sociedad que marcha a golpe de decisiones de lo más peregrinas?, asociaciones vacuas que rigen el devenir humano (je, je…, perdón). Y lo mejor de todo: ¿qué coño hago hablando conmigo mismo como si fuera otro?
Amaia, no desespero: soy el desespero.
Sinu, nunca se me ocurriría pensar que eres simple. La autocrítica no es tan dramática como parece, es que estaba un poco borracho. Te quiero.
Raúl, te seguiré comentando, es un placer para mí.
Juanjo, nos seguiremos viendo.
Alma, tu regalo, o sea tu voz, me ha llegado al alma, a la mía. ¡Qué voz, qué claridad, qué puta maravilla! Es delicioso escucharte.
Eva, vuelve. Yo lo haré por mi parte (contigo).
Alkerme, musa mía, ni me como las uñas ni he mirado cómo lo hacen otros –me da un poco de asco quizás-, pero a poco que lo intente los veo con claridad, como si fueran dibujos animados.
Gilda, ¿es que de verdad no hay ni siquiera un pequeño puto aporte?
Jordim, si algo aprecio en este mundo de blog, literatura, críticas y comentarios, es la sinceridad. Es la moneda que tú gastas, así que tu opinión tienen mucho valor para mí. Básicamente tienes razón en todo lo que dices, pero, si te soy sincero, tampoco es que me gusten demasiado los textos panfletarios y de evidente denuncia: me apetece en general algo más sutil. No nos gusta a todos lo mismo, pero estoy muy de acuerdo con lo que dices de mi escritura.
Nota: que todos sepan que no me como las uñas, que no fumo, que todo ha sido un intento de aportar sin mucho tino.
Hank, si ves con esa claridad sin perder tiempo en mirar ni en destrozar tus dedos, aplausos para ti y me quito el sombrero....
Un beso, me lo paso "pipa" viniendo a verte...
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