lunes, mayo 11, 2009

Un minuto antes de despertarte

Un minuto antes de despertarte, una mosca levanta el vuelo con las primeras luces de la mañana y surfea las ráfagas de tu último sueño. Se desliza, funámbula, sobre tus olas oníricas en fase REM con pericia anticipadora, atolondrada y feliz, con la playa de tu cara como punto final de sus piruetas, a punto ya de adherirse a tu piel con sus seis ventosas infalibles y explorar el terreno a la caza de excreciones nocturnas. Está lloviendo, y el insecto acusa la pesadez atmosférica en sus alas.

Un minuto antes de despertarte, en el Pacífico Sur erupcionan rollitos de mantequilla ardiente que glasea al instante el frío de las profundidades marinas; imparables gusanos de lava que se empujan, se abren como palmeras y se amontonan unos sobre otros como un cáncer fecundo para generar sin mayor esfuerzo una nueva isla en la faz del océano. El espectáculo no sólo pasa inadvertido para ti, que duermes en ese preciso instante, sino casi para toda la humanidad. Sólo los sismógrafos registran con rayas extremas la actividad telúrica que se desencadena.

Un minuto antes de despertarte, acaricias su piel de seda sin sacarla del sueño, y sus pezones, cimas de dos volcanes extintos, se yerguen por cuenta propia, ajenos a su conciencia, como si fueras tú, sin metáforas, el dueño de su cuerpo; ambición inconfesa de tu vida. Ella se gira y queda boca arriba, extendida y abierta. Aprovechas para acomodar tu escroto en la palma de su mano, aún dormida, antes de besarla.

La mosca aterriza en tu nariz con el impacto sincronizado de media docena de ventosas. El cosquilleo te saca del sueño sin pasar por la cámara de despresurización de otros despertares más pausados. La vigilia recién estrenada te sorprende en la cama con una erección a prueba de terremotos y la catarata de abandonos familiares de las últimas semanas sobre tu conciencia.

Deseas morirte un segundo antes de que el techo se desmorone sobre tu cabeza, pero después ya no quieres, bajo los escombros y medio reventado no, cuando ya es inevitable entonces no, pero así son los desarreglos intestinales del núcleo terrestre: vomita en un extremo del mundo y gasea en el contrario, sin tener en gran estima los conflictos humanos, quién sabe por qué.

8 comentarios:

Sinuosa dijo...

Qué maravillosamente bien rescatas ese segundo previo a la catástrofe, enfocándo al azar, un despertar cualquiera.
Y ese primer párrafo de la mosca, surfeando las ráfagas del último sueño, es una delicia.
A ti siempre tengo que leerte bien despierta, para no perderme ninguna imagen.
Buenísimo.

Raúl dijo...

Excelente, Ginés. Tras una primera lectura, poco más puedo decir.

BB dijo...

Como si tocara un piano, voy
pulsando letras, algunas sueltas
otras, formando arpegios de
palabras en una prosa elegante,
fácil, que me encanta y seduce.
Y, esa mosca, que vuela, aterriza,
ajena al drama que se avecina,
que te obliga a despertar al
desastre, al cataclismo, a esa
muerte que ya no deseas, pero
que es inevitable.
Me gustó muchísimo.
Un abrazo
BB

Hank dijo...

Eres mi lectora preferida, Sinuosa, y una de mis lecturas predilectas. La próxima vez despiértame a mí también: con tus ojos veo mejor lo que escribo. No sabes hasta qué punto, a lo largo de tanto tiempo, me has ayudado. Gracias enormes.

Estupendo, Raúl, lo que dices excede con mucho lo que esperaba.

Me emociona lo que has escrito BB. Vienes poco, pero cuando lo haces es… eso, emocionante.
Eres una excepción es este mundo, pero eso ya lo sabes.
Un beso grande.

Amaia dijo...

De todos los textos que he leído aquí éste es quizás uno de los que más me han gustado.No sólo es descriptivo en cuanto a imagen que es algo que dominas a la perfección,esta vez planeas sobre el fantasma de la rutina, de las pequeñas muertes que se producen a diario al ocaso de los sueños,con un erotismo que sabe a poco(mejor)y la explosión de vida que se produce de fondo y que hace que el mundo nunca se detenga,y entre esas nosotros,como por azar.

Un abrazo!

Qwerty dijo...

Vaya, parece que la erección a prueba de terremotos no era tal. Me gustan las historias en que insignificantes sucesos(una erupción, una pandemia, la destrucción de una supernova y otras menudencias) irrumpen para determinar el futuro de los grandes sucesos ( como un despertar en la vida propia).

También te felicito por ese folio escurridizo (tan americano, tan Auster) y tu metáfora sobre el peligro de los deseos. El otro, te lo comento en otro lugar, que me hace más ilusión.

Últimamente estás que te sales. Un abrazo.

Arcángel Mirón dijo...

Deseo morirme en cuanto suena el despertador. No importa lo que me aguarda, no me interesa saberlo. En ese momento sólo es sueño, y no quiero que el mundo exista.

Te abrazo.

Hank dijo...

Tú lo has dicho, Amaia, enteramente por azar; no somos nada, pero somos lo único que tenemos y lo último que desearíamos perder.
Un beso.

Qwerty, vienes tan poco por aquí que no sé si no será eso lo que hace tus visitas tan apreciadas. Bueno, el caso es que lo son, un pequeño lujo que me ofreces en raras ocasiones y que te agradezco.
Auster…, ya quisiera. Un abrazo fuerte, amigo.

Es curioso, Gilda, estaba escribiendo ayer sobre un despertar a media noche, pero no de un sueño, sino de una pesadilla, y he pensado que en este caso es una bendición volver a la realidad. O podría serlo, pero lo que sigue a continuación es el demencial silencio de un insomnio acusador, y bueno, no sé qué es peor.
Yo te abrazo más.