sábado, junio 06, 2009

Autorretrato

A veces parezco una lata atada a un coche de recién casados, pero yo atado a los días que me llevan dando tumbos muchas horas y de pronto me sueltan a la orilla de un jardín, o al extremo de la barra de un bar maloliente, o frente a una ventana donde suceden cosas cotidianas, aburridas, tediosas, pero interesantes de mirar sin venir a cuento, no sé por qué.

A veces soy yo, y otras no me reconozco. Entonces me sobresalto un poco y siento que no existo, me asusto y odio al que se refleja en el espejo por haberme arrebatado. Me lavo las manos con jabón y mucha agua corriente, tampoco sé por qué, y luego me seco con papel reciclado y me limpio de mí y siento como que tengo que hacerme de nuevo y que eso es posible, o sea que no todo está perdido, y una sombra de identidad se asienta en mí y parezco el de siempre y me pongo a trabajar o algo así.

A veces pierdo la edad y apenas encuentro unos pocos años, digamos doce o trece, y muchas cosas me dan miedo y otras mucho gusto, como si en esos escasos años hubiera una parte muy mala que tiene que ver con la gente y los asuntos de la gente, y otra maravillosa que sólo tiene que ver con niños que ya no existen, y con pájaros mirlos, y ramas de higuera con brevas, y azoteas para mirar las estrellas abovedadas y repletas.

A veces respiro y no sé qué cosa hedionda me entra por la nariz, y pienso si respirar es lo más adecuado y si no sería mejor dejar de hacerlo, pero luego respiro más y me pasa como a los drogadictos que absorben arenilla y de pronto se ponen tan contentos de estar vivos, igual me pasa, y lo que está ocurriendo alrededor me entra entonces a fosas llenas y pienso que si sucedió eso tan bueno que me trae el olfato ―la magdalena, la leña quemada y las pastillas de jabón Heno de Pravia― igual podría volver a ocurrir.

A veces me acuesto con ganas de no despertar nunca, pero lo hago varias veces durante la noche: me despierto y me despierto otra vez, y no paran los sueños con su cosa terrorífica y hermosa, hasta que me despierto al fin por la mañana temprano y me acuerdo de las latas del coche de recién casados y me entran ganas de que hubiera sucedido eso de no despertar más que había deseado antes de dormir, pero los sueños terribles y bellos me dan un buen rollo incomprensible y se me ocurre que si consigo llegar a la siguiente noche aún queda una esperanza de algo. No sé de qué.

A veces escribo y muchas veces no. A veces escribir me gusta, otras veces no sé qué pasa mientras escribo. A veces ni me importa, pero otras espero algo que nunca llega. Tampoco sé qué espero. Al final nada me queda claro, y si escribo es por algo y si no, también será por algo.

Fin.

25 comentarios:

Anónimo dijo...

A veces me quedo con las ganas de seguir leyéndote más allá de ese fin aguafiestas que no viene a cuento, cuando no escribes cuentos, o los escribes más que nunca, o no lo sabemos, o soy yo quién simplemente no sabe. Hoy, resulta, sabíamos lo mismo. Igual es que me lo habías contado.

Rosa.

jordim dijo...

Noto un cambio considerable entre este texto y otros tuyos, un cambio de estilo, aunque podría estar equivocado. En todo caso se lee y se digiere muy bien.

En cuanto a la pregunta que me planteas en mi blog sobre los cometarios.. Al final es como todo, echarle horas. Dedica un día hora y media a comentar a diestro y siniestro en todos los blogs que puedas.
Eso sí, luego te llegarán comentarios de todo tipo, gente que lee, gente que se limita a devolverte la visita (cosa que no entiendo..) y gente que malinterpreta los textos y hace comentarios estúpidos...

Amaia dijo...

Bueno,ese fin,no sé,mejor continuará...Un abrazo para esos días opacos,y una sonrisa,que no es poco!

Sinuosa dijo...

Me gusta este texto. Lo he leído dos veces y la segunda me gustó aún más que la primera. Me relaja y no sé por qué… Quizá porque mientras lo leo intuyo una voz reposada, sin crispación, auténtica (aunque podría no serlo, eso no importa), que me hace leer despacio, saboreando las palabras, los contenidos, sin esa prisa a la que incita el cuento para llegar al desenlace.
Me gustó especialmente esa metáfora de la lata, ¡es fantástica! Y el párrafo final también, porque me identifico con él al cien por cien. Con el no querer despertarme, no. Yo adoro las mañanas y siempre tengo la fantasía de que todo será maravilloso cuando llega el nuevo día, ¿qué ilusa, eh?

Feliz domingo, Hank.

PD: nunca lo comenté, pero me gustan los textos sobre fondo blanco y sin justificar (así son los tuyos, y los míos). Sé que lo correcto es justificarlos, pero detesto que me obliguen a leer entre ese tabique imaginario.

mi nombre es Alma dijo...

A veces soy yo y otras no lo soy y sin embargo no distingo cuando dejo de serlo.

Saludos, un texto muy refrescante

Arcángel Mirón dijo...

Hace años, cuando yo era chica, pasábamos por un mal momento económico en casa. No había para lujos, y todo lo que no fuera comida o impuestos era lujo.
Un día de esos, mi mamá se dio un lujo: compró una colonia Heno de Pravia. Siempre le gustó ese jabón, y cuando vio la colonia no lo resistió.
Ahora estamos mejor económicamente; no como desearíamos pero incomparablemente más relajados que en esos años. Hay pequeños lujos, ahora. Y mi mamá sigue comprando el jabón Heno de Pravia, y yo lo huelo y me acuerdo esos años, y no sé si eso me hace bien o si me angustia.

Hank, me gustó mucho este texto.

Amaia dijo...

Vuelvo,porque me inquieta esta entrada.Porque en esta entrada,en lo que tenga de real,de autobiográfico,es inquietante.Las malas acciones,los daños ajenos pero que nos tocan Hank,no son justificables en sí mismos,como daño de efectos colaterales.Sí,se pueden justificar circunstancias,situaciones extremas,pero el daño,amigo,no,rotundamente no.El tema de la existencia es ya más peliagudo por que es una encerrona,un pez que se muerde la cola.La escritura,desde mi punto de vista,afecta directamente a ese enigma del existir,existir para perdurar?para ser eterno?para qué?hay un para qué?debería de haberlo?por si acaso debería,escribimos y con ello intentamos perpetuar?algunos lo consiguen,los más brillantes,los mejor relacionados y algunas almas perdidas por las que nadie daría un euro,éstos últimos,casi siempre los mejores.
Y con esto concluyo porque estoy convencida,ahora sí,de que sólo estás algo cansado,no te olvides que pronto vienen las vacaciones.
Un abrazo,amigo!

Raúl dijo...

Un texto diferente a aquellos en los que a estas alturas ya te reconozco.
Tal y como apunta Amaia, que seguramente tendrá mucha más información de base que yo, yo también desearía que la confesión fuera totalmente inventada.
Un saludo.

BB dijo...

Me ocurre que me gusta lo que
escribes, que saboreo cada palabra,
me lleno de ellas. No siempre
me pasa, pero en dias como hoy,
me tocan tan hondo, simplemente,
me conmueven.
Y alguna vez, quizàs te acompañe
a esa azotea para mirar las
estrellas abovedadas y repletas,
y bebèrnoslas, una a una, antes
de que desaparezcan...
Ya nadie mira las estrellas.
Y tù, seguiràs escribiendo,
porque, como dice alguno por
allì: si escribo, muero y me
muero si no escribo...
Precioso, Hank
Un fuerte abrazo
BB

Bárbara dijo...

Estás vivo, no hay más. Y escribir es certificarlo, vivir dos veces.
A mí también me gustó tu autorretrato.

Hank dijo...

¿Qué no te habré contado yo…? Me alegro mucho de verte, Rosa.

Sí, Jordim, veo que te va muy bien, me alegro. ¿Honestidad, orgullo…? Juegas bien tus cartas. Por mi parte verás que no, que no hay tal cambio de estilo, es una cosa que salió así nomás.

Ya ves Sinuosa, de negro sobre fondo blanco a lo contrario; si antes lo dices…
Al margen de eso, me agrada la forma en que me lees, sobre todo cuando dices lo de …voz reposada, sin crispación, auténtica (aunque podría no serlo, eso no importa) . Creo que es la manera más auténtica de leer.

Gracias, Alma

Gilda, creo que te hace bien aunque te angustie.

Amaia, Raúl, el texto es tan autobiográfico como pueden serlo los que escribís vosotros, o los que escribe cualquiera: siempre pone uno de sí, a no ser que seas de la patrulla del capitán Dan Brown o de cualquier otro temple similar. Digamos que uno tiene sus alter ego o sus pequeñas recreaciones heterónimas, pero lo que sí quiero dejar claro es que este blog no es un diario personal: todo sale de mí, pero no todo lo que sale soy yo. Me gusta hablar en primera persona, y hacerlo desde mi experiencia vital, pero creo que mi vida no es tan dramática como parece. Aunque tampoco estoy tan seguro… ;-)

BB, tu sinceridad me desarma a veces, aprecio mucho tus comentarios. No conozco a nadie más en la red que, como tú, sólo dé, sin esperar nada a cambio. Eres pura generosidad, una rareza, una virtud que cuando recala en un blog sencillamente lo ilumina. Gracias.

Ah, Bárbara, cómo estar vivo sin sufrir y gozar. Inseparables extremos.

eva- lazarzamora dijo...

Entre los dos "yos" bicéfalos y este prismàtico yo, se desdobla la escritura, el acto de escritura. En este relato se vislumbran y presienten los sentidos, se pierde pie, se adormecen esos mismos sentidos presagios de una desesperanzada esperanza inquieta, con la eterna pregunta del escritor. Por qué escribo?
Saludos

Amaia dijo...

Gracias por la aclaratoria Hank pues considerándolo bien es mejor no tener que estar tan al acecho que luego nos liamos.Tu cambio estético,no sé,hace tiempo que abandoné el negro,desde que decidí soltar lastre.
Un abrazo!

BB dijo...

Hank: Ahora soy yo quien agradece
tus amables palabras. Escribo
lo que siento y tù tienes el
poder de conmoverme. Soy,
solamente, una àvida lectora y
como te dije, ocurre que me
gusta lo que escribes.
Un beso.
BB

Sinuosa dijo...

Lo veo y no me lo creo... ¡fondo negro...!, justo cuando me da por hacerte el comentario decides cambiarlo.
Ya podías haberlo cambiado antes, hombre..., o dentro de un par de meses, así no tendría yo ahora esta desagradable sensación de ridículo.
Manda huevos...
En fin..., me has robado un poquito de ese placer que espero me pase desapercibido en tus próximas entradas.

Estoy pelin cabreada, así que esta vez no te mando ni abrazo ni nada, ale, joete.

Hank dijo...

No lo creerás, pero me enzarcé en el cambio por pura casualidad, porque quería meter otras utilidades y cambiar un poco la estética. ¿Por qué elegí el negro?, creo que porque en la pantalla brillante de mi portatil quedaba un poco impresionante. Después me arrepentí porque perdí todos los contadores y enlaces y tuve que darlo todo de alta otra vez: una jodienda.
Sólo después me dediqué a responder los comentarios y ¡sorpresa! ahí estabas tú contando tu preferencia por el negro sobre blanco. Se me cayeron los huevos al suelo, pero desde luego no estaba dispuesto a empezar todo por la punta otra vez.
Tampoco estoy seguro de que me guste demasiado, pero no hay mucho donde elegir.

No te cabrees conmigo, que yo te quiero. (Sabes?, este tipo de fatalidades accidentales me suceden muy a menudo en mi vida cotidiana; es un coñazo un tanto frustrante).

Un beso, guapa, y un abrazo chillao.

Raúl dijo...

Estaba seguro del carácter de tu blog, Hank. Más que tu relato, a mí lo que me despistó fue la contundencia del último párrafo del primer comentario de la buena de Amaia. en todo caso y para no meter la pata, fíjate que hable en condicional, cuando desee que no fuera autobiográfico.
A mí no me disgusta el cambio estético. Cambiar, es algo así como moverse, puro ejercicio físico.

Exilio Voluntario dijo...

Pues a mí, que ando felizmente enamorada y en estado de moñez preocupante, me ha parecformitcido un texto increiblemente sincero y emotivo, aunque no fuera ni una cosa ni la otra.

Y, sinceramente (que es de la única forma que sé hacer ahora las cosas), me emocioné al leerlo.

Gracias, Hank.

Mil y un besos exiliados.

J.

Sinuosa dijo...

Vaaaale, te perdono. Debe ser porque en las mañanas la vida es bella y me vuelve generosa (aunque esté lloviendo, pueblo de mierda éste, dios...).
Un besin.

Ya estoy viendo al RAUL animao. Espero que no se le ocurra también también pasarse al negro. Que me vais a destrozar la retina entre todos, grrrrrr. Si por lo menos escribiérais mal tendría disculpa para dejaros. Pero me tenéis enganchada, ¡jolin!

Hank dijo...

En efecto Eva, se pierde pie -qué bien lo has expresado- en todos los sentidos, pero uno no se acaba de caer. Será esa desesperanzada esperanza inquieta que finalmente parece que nos salva o que, al menos, no nos condena del todo.

Amaia, me enternece tu sincero acecho y que nos liemos... Como ves, ya habrá tiempo de desliarnos.

Pues por esa avidez tuya, BB, cuanto más vengas por aquí, más alegrías me darás.

Gracias, Raúl. Un cambio estético casi impuesto por la técnica. Saludos.

Mi Niña Veneno, ¡qué alegría!, cuánto tiempo. ¿Y quién dice que no sea sincero y emotivo, tal como a ti te había parecformitcido?
¿Felizmente enamorada? ¡Qué alegría me das! A ver si hablamos una tarde...
Otros mil para ti.

Ahhhh, gracias Sinu, era un sinvivír.

Salvaje de corazón y además raro dijo...

Hola Hank:

Sólo decirte que me ha parecido muy hermoso, intenso, vital, sincero y profundo -esto último por la calmada sencillez con que está expresado- el texto que has escrito.

Un besazo.

Chechu

El Viajero Solitario dijo...

Cuánto bueno por aquí, Hank. Cuán grato ha sido el regreso. Desde luego, tus últimas entradas dan para mucho.

De momento, te diré que me ha gustado este autorretrato ficticio. Un texto delicioso, que refleja lo contradictorio que somos. La analogía entre la lata atada el coche de los recién casados y el autorretratado me ha parecido muy buena.

Volveré a comentarte los textos anteriores y a participar en el debate autocrítico que propiciaste, más que interesante, pero déjame tiempo.

Un abrazo.

alkerme dijo...

Autorretrato?. Real y humano, un poco como todos, en días en que sí, pero no...

Un beso.

Anónimo dijo...

Muchas veces, muchas, yo tampoco se que pasa cuando escribo. Esos instantes en que parece que el lápiz va por libre sin dejarse amedrentar por el entendimiento que se fue hace rato por los cerros de Úbeda.

Es una sensación parecida a la de las noches de dormir plácidamente, mecido en sueños de algodón de los que no querrías bajarte nunca. Sueños que se escapan con el estruendo del desatinado despertador, al que asesinarías sin perdón por la osadía de devolverte al escenario en el que no te apetece actuar.

Escribir es como mecerte en los sueños, pero despierto,sólo que a unos se llega con intención y a los otros nos lleva la inconsciencia.

Cuando los pensamientos parecen escaparse para no volver, siempre hay un lápiz a mano, dispuesto a convertirse en neurona tragacuentos, que sin saber donde te lleva, te dejas llevar.

No se si será tan malo esto de no saber que pasa mientras escribo, pero tampoco se si sería bueno saberlo

Hank dijo...

Hola, Chechu, pensé que escribías desde el blog de Iria. Me alegra que hayas decidido dejar tus cosas en la red, te tenía por desaparecido. Agradezco tus opiniones. Un abrazo.

Hola, Viajero, tómate todo el tiempo que quieras, en el fondo es lo único que nos sobra, aunque parezca lo contrario a primera vista.

Queridísima Alkerme

Hola, Anónimo, por casualidad he oído esta mañana en el telediario lo que decía un escritor premio príncipe de Asturias: «escribir es vivir, ni más ni menos». Bueno, como comer, cagar, pasear o dialogar. Comer y cagar es absolutamente necesario; pasear, dialogar y escribir son cosas que se hacen por opción mientras seguimos viviendo. Creo. Muchas gracias por dejar tu opinión, tan meditada además. Un abrazo.