<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><rss xmlns:atom='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' version='2.0'><channel><atom:id>tag:blogger.com,1999:blog-29884793</atom:id><lastBuildDate>Fri, 20 Nov 2009 23:24:03 +0000</lastBuildDate><title>Quien ama está al acecho</title><description>&lt;b&gt;&lt;u&gt;Relevancias:&lt;/u&gt;&lt;/b&gt; 
&lt;br&gt;
&lt;br&gt;&lt;br&gt;
&lt;b&gt;No por mucho madrugar el día se acaba antes.&lt;/b&gt;
&lt;br&gt;
&lt;br&gt;
&lt;i&gt;               Ginés&lt;/i&gt;</description><link>http://hanksiolitiko.blogspot.com/</link><managingEditor>noreply@blogger.com (Hank)</managingEditor><generator>Blogger</generator><openSearch:totalResults>126</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>25</openSearch:itemsPerPage><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-29884793.post-2634404602556784789</guid><pubDate>Tue, 27 Oct 2009 21:54:00 +0000</pubDate><atom:updated>2009-10-27T23:53:14.228+01:00</atom:updated><title>Carne de cañón</title><description>&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_voCyRtC-_u4/SuduEJXdmjI/AAAAAAAAAWw/y0ZbGyM-tsE/s1600-h/the-islam-harem.jpg"&gt;&lt;img style="MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 152px; FLOAT: left; HEIGHT: 200px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5397403695939689010" border="0" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_voCyRtC-_u4/SuduEJXdmjI/AAAAAAAAAWw/y0ZbGyM-tsE/s200/the-islam-harem.jpg" /&gt;&lt;/a&gt; &lt;span style="font-family:arial;font-size:130%;"&gt;El tráfico de la hora punta ya empieza a descender. El muchacho, al que ha dado paso unos minutos antes, llora sentado en un banco mientras lee un papel que ha sacado del bolsillo trasero de los vaqueros. El policía mira el reloj, echa un vistazo a las calles que desembocan en el cruce y se acerca a la moto aparcada junto a la acera dando por finalizado su turno. Deja la gorra en la guantera y se rasca la cabeza con energía; el pelo corto y duro no acusa la presión de los dedos, se mantiene recto y tieso a pesar de que lo frota vigorosamente desde el flequillo hasta el cogote. A horcajadas sobre la moto, con el casco aún en la mano, observa a un viejo que se aproxima por una esquina cercana al banco. Viste chilaba, y un gorro musulmán le cubre la cabeza. Se detiene a la altura del chico y lo mira un momento antes de proseguir su camino. El policía se pone el casco y está a punto de pulsar el encendido cuando ve que el viejo vuelve sobre sus pasos y se dirige al muchacho. Dialogan un momento y se sienta a su lado. El muchacho parece sorprendido. El policía se mantiene a la espera. El viejo echa un par de miradas en dirección a la moto mientras el chico le tiende el papel doblado. Cuando acaba de leerlo se lo devuelve y el chaval deja caer el brazo como si el escrito fuera demasiado pesado para sostenerlo. El hombre de la chilaba le coge la mano libre entre las suyas y le habla en un tono aparentemente dulce, paternal, casi confesional. El policía levanta la visera del casco para fijarse mejor y comprueba que la mano del chico se mantiene inerte entre las otras arrugadas y que ambos lo observan furtivamente, con miradas rápidas y cortas, como asegurándose de que nada despierta sus sospechas. Ahora sí, se cala la visera, repliega con un golpe de talón la pata en que se apoya la moto, arranca decidido y, en vez de alejarse, gira en el cruce más cercano y con un acelerón se planta a un par de metros del banco. Sin quitarse el casco, saluda con gesto marcial al viejo, acercando la punta de los dedos a la altura de la sien derecha.&lt;br /&gt;―Buenas tardes, ¿me permite su documentación?&lt;br /&gt;―¿Permito…?&lt;br /&gt;―Enséñeme su documentación.&lt;br /&gt;―Eh..., no llevo encima.&lt;br /&gt;El agente se coloca al casco bajo el brazo y se rasca otra vez la cabeza; parece un tic nervioso más que una necesidad real de aliviar algún picor.&lt;br /&gt;―Si no tiene papeles voy a tener que llamar a un coche patrulla.&lt;br /&gt;―Tengo en mi casa, aquí al lado, en la esquina.&lt;br /&gt;―No puedo dejar que se marche, lo siento.&lt;br /&gt;―No, no, venir tú, aquí al lado, mi casa, treinta metros, tengo papeles.&lt;br /&gt;―Está bien, le acompañaré. Espere un momento. ―Se dirige al muchacho―. ¿Te sucede algo, chico?, ¿estás bien? ¿Por qué llorabas?&lt;br /&gt;―Sí, bueno, es un problema personal, con mi nov…, con una amiga. Ya se me ha pasado. Estoy bien, gracias, ya me marcho.&lt;br /&gt;―¿Conoces a este hombre?, ¿sois amigos?&lt;br /&gt;―No lo había visto nunca, pero es muy buena gente.&lt;br /&gt;―¿Cómo lo sabes si no lo conoces de nada? No puedes fiarte de los desconocidos de buenas a primeras.&lt;br /&gt;―Vale, vale…; pero tampoco soy un niño, sé lo que me hago.&lt;br /&gt;El policía lo mira con cara de no estar muy de acuerdo con la aseveración. Le pregunta si vive por los alrededores, si estudia en el instituto.&lt;br /&gt;―Sí. Vivo aquí al lado, ya me iba a casa. No se preocupe, gracias ―dice.&lt;br /&gt;―Bien ―asiente con el gesto relajado, casi aburrido, como si asumiera que el asunto, una vez resuelto, carece de importancia.&lt;br /&gt;El chico se levanta, le da la espalda y se aleja con las manos en los bolsillos. El agente mira al viejo y consulta el reloj. Parece valorar si merece la pena la molestia, pero de repente se decide, como si hubiera recibido una orden precisa en su interior, de su conciencia sin ir más lejos. Guarda el casco en el maletín de la moto y abre la guantera, pero tampoco coge la gorra.&lt;br /&gt;―Venga, vamos ―le ordena al musulmán.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;* * *&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al empujar la puerta de cristales suenan campanillas por encima de sus cabezas. Una mujer sale de la trastienda, el viejo le dice algo en un idioma que el policía no comprende y ella se vuelve por donde ha salido. La tienda está vacía. Un expositor con cámara frigorífica muestra quesos, embutidos y trozos de carne iluminados por neones. En estanterías adosadas a las paredes se ordenan latas, botellas y tarros transparentes con lo que parece carne en adobo o en salazón.&lt;br /&gt;―Mujer preparar té.&lt;br /&gt;―¿Es suya la tienda? ―pregunta el agente ya con gesto decididamente aburrido.&lt;br /&gt;―Sí. Negocio cinco años, no va bien. Su compañero sabía…&lt;br /&gt;―Entiendo. A mí me han destinado a esta zona hace poco, aún no conozco el barrio.&lt;br /&gt;―Venga, enseñar papeles.&lt;br /&gt;Atraviesan la cortinilla por donde ha desaparecido la mujer y se encuentran en una cocina, que también hace las veces de cuarto de estar a juzgar por un rincón con una mesa baja rodeada de pufs, cojines de apariencia oriental y dos pares de sillas distribuidas aquí a allá. Una puerta cerrada parece el acceso al resto de la casa. Enfrente, otra cortina por la que asoma la cabeza el policía da a lo que parece una sala de despiece con una mesa central y grandes fogones en una esquina. El viejo le invita a sentarse, rebusca en un cajón hasta que da con una bolsa de plástico con varios documentos dentro y la deja caer sobre la mesa.&lt;br /&gt;―Papeles ―le dice―. Mujer traer té.&lt;br /&gt;―No se moleste, gracias ―responde mientras intenta encontrar en la bolsa el pasaporte o el DNI.&lt;br /&gt;―No molestia. A su compañero gustar mucho.&lt;br /&gt;―¿Qué es lo que le gustaba, el té?&lt;br /&gt;―Sí. Era amigo. Venía mucho aquí.&lt;br /&gt;―No era mi compañero. Quiero decir que no lo conocía de nada, yo estaba en otro distrito.&lt;br /&gt;El policía abre el pasaporte y compara la foto con la cara sonriente del viejo. Es turco, de Estambul. Está en el país desde hace años. La mujer deja una bandeja con una tetera y dos vasos vacíos sobre la mesa y se retira.&lt;br /&gt;―Está bien ―dice el agente―, todo en regla. Perdone las molestias. Tengo que marcharme.&lt;br /&gt;―No despreciar té. Preparado para ti, muy bueno… ―le suplica.&lt;br /&gt;―No se moleste, gracias.&lt;br /&gt;―Por favor, no es molestia, se lo ruego… ―dice el viejo estirando un hilo de té desde el vaso hasta un metro por encima de la cabeza del policía.&lt;br /&gt;―Está bien, pero acompáñeme ―acepta con media sonrisa.&lt;br /&gt;―Faltaría más ―dice el turco encantado, volcando el té sobre su vaso desde idéntica altura sin salpicar ni una gota.&lt;br /&gt;Sorben el té con ruido para que el aire disipe el calor del líquido hirviente. Va el viejo a servir una segunda ronda cuando el agente lo detiene con repentina inquietud y le dice que hay algo que no comprende.&lt;br /&gt;―¿Cómo es que el chico no lo conoce de nada si vive en el barrio?&lt;br /&gt;―Yo explicar… ―sonríe el turco. Pero antes de que explique nada, al policía le da un acceso de tos que no cesa hasta que se agarra con dedos torpes a la mesa antes de desvanecerse.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;* * *&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;―¡Deprisa!, no más tiempo con vida o despertará.&lt;br /&gt;El chico aplica una bomba de vacío al pene del policía, que está inerte y desnudo sobre la mesa metálica de carnicero. Cuando considera que la erección ha llegado al límite comprueba la dureza del tronco palpando bajo el escroto. Satisfecho, agarra una brida y la aprieta con fuerza alrededor de la base del miembro. Coloca otra a un par de centímetros de la primera. Ambas se incrustan en la carne dura. Retira la bomba y el pene se mantiene duro, con la sangre retenida por las bridas.&lt;br /&gt;―Ya está.&lt;br /&gt;El turco se acerca con un bisturí de gran tamaño y lo hunde sin dificultad entre las dos bridas. Apenas unas salpicaduras sobre la mesa y ya tiene el miembro erecto en la mano. Se acerca a la cocina y lo sumerge en una cazuela alargada con caldo hirviente. Baja la intensidad del fogón y observa en el líquido burbujeante trocitos de ajo, perejil y un par de guindillas bullendo alrededor de la carne.&lt;br /&gt;―Atento; apaga cuando sangre cuaje, no más tarde ―le dice al chico.&lt;br /&gt;―Es un coñazo tener que mantenerlos vivos para cortarles la polla. Imagínate que se despierta ―se queja el chico.&lt;br /&gt;―Pagan bien si está dura; tú sabes quién... Merece la pena.&lt;br /&gt;―¿Cómo lo vas a matar?&lt;br /&gt;―Morfina. Ya siempre morfina si podemos. La carne más suave, no sufre, tierna y dura a la vez. Exquisita.&lt;br /&gt;El viejo recoge con una jeringuilla la mezcla transparente que ha estado preparando y clava la hipodérmica en el brazo del policía.&lt;br /&gt;―Será feliz antes de morir ―murmura pensativo.&lt;br /&gt;―¿Recuerdas al culturista? No he probado nada tan rico como aquellas tiras de bíceps maceradas y ahumadas, ¡qué delicia! ―comenta el chico sin quitar ojo al recipiente.&lt;br /&gt;―Resultado muy sabroso, pero mucho trabajo, músculo muy duro.&lt;br /&gt;―Con los polis ha sido fácil, y éstos, jóvenes y recién salidos de la academia, están cachas y magros…&lt;br /&gt;―Con policía ser peligroso. No más.&lt;br /&gt;El joven ha apagado el fuego y se acerca al turco.&lt;br /&gt;―¿Cuajado en su punto? ―le pregunta el viejo.&lt;br /&gt;―He cocido muchas. Descuida, está en su punto.&lt;br /&gt;El turco pega la oreja al pecho del policía y le palpa con los dedos las venas del cuello.&lt;br /&gt;―Está muerto. Degüello y dejamos desangrar.&lt;br /&gt;―Uf, menuda noche nos espera―. Se queja el chico. Enciende un soplete y empieza a chamuscarle los pelos al cuerpo mientras el turco recoge en un barreño la sangre que mana de la yugular hasta la esquina inclinada de la mesa―. Yo me encargo de las piernas y tú de los brazos. Como te gusta: tiras largas y estrechas, como la última vez con el otro poli. Después nos ocupamos de las vísceras y la cabeza.&lt;br /&gt;― Todo limpio por la mañana. Tarros grandes al calor, huesos molidos en sopa. ¿Hammet desapareció moto?&lt;br /&gt;―Este poli es grande. Me dijo que le sobraba uniforme por todos lados y que el aire le sacaba el casco de la cabeza. Pero no tuvo problemas; Hammet es un profesional. Incluso dejó una multa en el parabrisas de un coche aparcado en doble fila, je, je. Después vendrá a echarnos una mano.&lt;br /&gt;―Sí, buen amigo.&lt;br /&gt;―Anda, vamos a darle la vuelta que le queme los pelos del culo y empezamos.&lt;br /&gt;―Sí, vamos rápido.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/29884793-2634404602556784789?l=hanksiolitiko.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://hanksiolitiko.blogspot.com/2009/10/carne-de-canon.html</link><author>noreply@blogger.com (Hank)</author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_voCyRtC-_u4/SuduEJXdmjI/AAAAAAAAAWw/y0ZbGyM-tsE/s72-c/the-islam-harem.jpg' height='72' width='72'/><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>13</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-29884793.post-5923167276626177673</guid><pubDate>Mon, 21 Sep 2009 20:28:00 +0000</pubDate><atom:updated>2009-10-20T19:10:15.622+02:00</atom:updated><title>Pájaros ciegos</title><description>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_voCyRtC-_u4/Sri15S3rqcI/AAAAAAAAAWY/AEqCorXUvdw/s1600-h/Sparrow_260507.jpg"&gt;&lt;img style="MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 200px; FLOAT: left; HEIGHT: 168px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5384253350443985346" border="0" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_voCyRtC-_u4/Sri15S3rqcI/AAAAAAAAAWY/AEqCorXUvdw/s200/Sparrow_260507.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:130%;"&gt;Apenas percibo la estela veloz de su puño un momento antes caer en un sueño feliz en el que floto entre nubes. Jamás hubiera imaginado que perder la conciencia de un golpe fuera tan placentero. Aunque tuve la sensación de estar desvanecido un rato, sé recobré el conocimiento antes de caer porque siento el golpe de la cabeza contra el suelo. No comprendo de inmediato qué ha sucedido, no me duele nada, pero el sabor metálico de la saliva me alerta. Al tocarme el labio partido una punzada ardiente me cruza de un tajo la barbilla y lo recuerdo todo de repente. Distingo la figura borrosa de Paco el Chepe al extremo de mis piernas, perpendicular a mi cuerpo. Sonríe con el lado derecho de la boca como hace siempre, como la agente 99 de la serie de los martes. Tiene las piernas abiertas y los brazos en jarras, dispuesto a repeler una improbable reacción por mi parte. Le bastaron tres segundos para calcular el escaso peligro de la situación, se dio la vuelta y me olvidó.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me atacó porque lo empujé cuando se acercó a Santiago el Pestoso sin que éste se diera cuenta, le bajó el chándal de un tirón y una plasta de mierda le cayó a los talones. ¿Cómo iba a imaginar que el Chepe respondería con un puñetazo tan fulgurante como en las películas?&lt;br /&gt;Santiago se cagaba encima cuando le daba por ahí; algo inconcebible. Rondábamos los diez u once años y, que yo recordara, nunca se había cagado nadie en los pantalones, ni en la más lejana infancia. Las primeras veces, al comienzo del curso, cuando los alumnos más cercanos se quejaban abanicándose con la mano y tapándose la nariz, el profesor lo abroncaba y lo mandaba a limpiarse al cuarto de baño. Como, invariablemente, no volvía, nos enviaba a por él y lo traíamos de vuelta con aquello en el culo, igual que se había ido, como si formara parte de sí mismo, o fuera un defecto de nacimiento con el que no supiera qué hacer. Puesto que sólo sucedía de vez en cuando y no se iba a quedar sin escolarizar, se apartó un pupitre en la esquina más alejada de la clase y se creó una separación entre él y los demás, como una isla del Pacífico protegida por un arrecife de coral, donde podía cagarse en paz si no tenía el vientre especialmente removido, en cuyo caso era expulsado de clase y se quedaba en el pasillo el resto de la jornada.&lt;br /&gt;Una cosa eran los comentarios inevitables, la marginación justificada ―no se podía respirar a su lado, lo reconozco―, las burlas indisimuladas…, y otra muy distinta y que no acierto comprender por qué produjo en mí semejante reacción, fue que el Chepe le bajara los pantalones delante de todos. Por eso lo empujé.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La pregunta de mi madre me pilló por sorpresa. Siempre he sido incapaz de prever los acontecimientos, ni siquiera los más evidentes, y no se me ocurrió inventar una excusa para el labio partido. La consecuencia fue que Paco recibió una buena somanta por parte de su madre cuando la mía, que era su sobrina, puso al corriente a su tía Carmen de las fechorías del menor de sus hijos. Supongo que la parentela obliga.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al día siguiente, Paco estuvo pendiente de mí durante las clases y también en el patio. Lo sorprendí mirándome con un odio que me estremeció en varias ocasiones, pero se mantuvo alejado. Me alegré de que todo se hubiera resuelto sin más problemas y hasta un par de veces me sentí tan ufano que le sostuve la mirada, como diciendo &lt;span style="FONT-STYLE: italic"&gt;ya sabes lo que te espera si vuelves a tocarme&lt;/span&gt;.&lt;br /&gt;Lo malo es que con mi acción justiciera, de rebote también atraje la atención de Santiago, que merodeó a mi alrededor durante todo el recreo, sin decir nada, mirándome con ojos de cordero degollado y, aunque no se había cagado, espantó a los que jugaban conmigo. El rechazo y la soledad que sentí a su lado era más de lo que podía resistir, así que le grité que se apartara de mí y dejara de seguirme. Volví con mis amigos y él se quedo en mitad del patio, en su isla de siempre, rodeado por su círculo de desamparo, con la vista vagando por el suelo cercano a sus zapatos, sorbiéndose los mocos, con las manos a la altura de la barriga, sin saber qué hacer con ellas, como quitándose padrastros de las uñas. Aquello me dolió mucho más que el golpe en el mentón del día anterior, pero, con todo, me mantuve alejado de él.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con la conciencia sucia y el corazón arrugado, me demoré hasta que Santiago salió de clase para evitar que se le ocurriera seguirme. Fui de los últimos en ir a recoger la bicicleta, pero no la encontré donde la había dejado, y en su lugar me espera el Chepe. Busco alrededor y entonces la veo: la han lanzado con lo que me parece una fuerza sobrehumana contra las ramas de un limonero y allí se ha quedado, en lo alto del árbol, irreal y absurda, fuera de mi alcance. No podía haber sido él, no, porque de serlo podría matarme como si yo fuera un gusarapo cuando le diera la gana. Salgo corriendo, pero consigue cogerme de la camisa, que se desgarra y me hace perder el equilibrio. A horcajadas sobre mí no me golpea la cara, sino las costillas, el estómago, el hígado. Cuando se me ocurre ponerme a gritar deja de sacudirme y me dice que la próxima que me chive a mi &lt;span style="FONT-STYLE: italic"&gt;mamá &lt;/span&gt;me mata. Maltrecho, subí al limonero y empujé la bicicleta a patadas hasta que cayó.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Preparé una buena excusa esta vez y le dije que me había resbalado en el camino de vuelta. Era creíble: mi camisa estaba rota, la bici abollada y mi cara no tenía nuevas magulladuras, pero mi madre, incrédula y por si las moscas, decidió ir de nuevo a casa de su tía a darle las quejas. Me vi perdido, así que le pedí que no fuera, que si Paco se enteraba de que me había chivado me mataría. Eso acabó de reafirmarla en su postura y le contó lo poco que yo le había dicho y mucho que ella puso de su cuenta. La tía Carmen redobló sin ambages la tunda a su hijo, por reincidente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por la mañana, durante las clases, no me atreví a mirarlo. En el recreo lo espié con disimulo y vi que no me hacía caso, me ignoraba, como si no hubiera pasado nada. Eso me tranquilizó relativamente. Sin embargo, con Santiago pasó todo lo contrario: atento a mis movimientos, intentó de nuevo sucesivas aproximaciones con su actitud ovina habitual. Pendiente de Paco, no estaba para muchos juegos y me había sentado solo en uno de los bancos, así que cuando una de las veces se arrimó con más decisión, nadie tuvo que salir corriendo. Cuando estuvo lo suficientemente cerca para verificar que no olía mal le dije que se podía sentar si quería. Lo hizo sorprendido, manteniendo una distancia prudencial que achaqué a la costumbre, y enseguida comenzó a balancear las piernas distraído, casi relajado, sin tanto temor como lo ensombrecía siempre. Me picó la curiosidad, pero no era muy hablador y me costó sonsacarle: fuera del colegio tampoco tenía amigos porque vivía en una casa diseminada en la huerta, pero lo pasaba bien jugando con dos perros que tenía su padre y le gustaba plantar las redes para cazar gorriones. Cuando le pregunté por qué se cagaba encima en vez de ir al váter, guardó silencio y miró al suelo con su cara de congoja habitual.&lt;br /&gt;―¿Y tus padres no te dicen nada cuando llegas cagado?&lt;br /&gt;―Me pegan.&lt;br /&gt;―¿Y en tu casa también te haces encima?&lt;br /&gt;―No, cago en los huertos.&lt;br /&gt;―¿Y por qué no lo haces en el váter como que en los huertos? Sólo tienes que bajarte los pantalones y ponerte en el agujero. Es lo mismo.&lt;br /&gt;―..&lt;br /&gt;―¿No te han dicho tus padres lo que tienes que hacer?&lt;br /&gt;―Sí.&lt;br /&gt;―¿Y por qué no lo haces?&lt;br /&gt;―..&lt;br /&gt;―¿No te da asco llevar eso en el culo?&lt;br /&gt;―..&lt;br /&gt;―Si sigues haciéndolo, no te voy a dejar acercarte más.&lt;br /&gt;―Es que no es lo mismo…&lt;br /&gt;―¿Qué?&lt;br /&gt;―Es que… ahí cagan todos.&lt;br /&gt;―Hazlo antes de venir, o aguántate. Yo lo hago.&lt;br /&gt;―..&lt;br /&gt;―¿Lo harás, dejarás de cagarte encima?&lt;br /&gt;―..&lt;br /&gt;―Santiago el Pestoso es un sobrenombre horrible.&lt;br /&gt;―..&lt;br /&gt;Nos quedamos en silencio, y yo aproveché para echarle un vistazo al Chepe. Seguía ignorándome. Estaba, como siempre, con su hermano Eladio y otros alumnos de cursos superiores al fondo del patio, jugando a la baraja.&lt;br /&gt;―¿Quieres venir a jugar a mi casa? ―se le ocurrió a Santiago de repente, con los ojos como platos.&lt;br /&gt;―No sé. ¿A qué?&lt;br /&gt;―Lo mejor es a los pájaros ciegos.&lt;br /&gt;―¿Y eso qué es?&lt;br /&gt;―Los cazamos con las redes y luego los soltamos en la sala.&lt;br /&gt;―¿Con la ventana cerrada?&lt;br /&gt;―Da igual, están ciegos y no ven nada. Se chocan con las paredes y con el techo.&lt;br /&gt;―Los pájaros no están ciegos, Santiago.&lt;br /&gt;―Les pinchamos los ojos con un palillo y luego los soltamos.&lt;br /&gt;―¿Y tus padres no te dicen nada?&lt;br /&gt;―No. Cuando se golpean mucho y ya no vuelan más, se los desplumo a mi madre para que los fría.&lt;br /&gt;―Ya. Bueno, no sé. Si dejas de cagarte puede que vaya.&lt;br /&gt;―…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un par de días después todo seguía en calma con el Chepe y pensé que era normal que se hubieran acabado las palizas ya que, al fin y al cabo, cuanto más me daba a mí, más recibía él, y eso le interesaba a él tan poco como a mí. Pero, por desgracia, andaba desencaminado. El viernes por la tarde quemaba con unos amigos mixtos de trueno que habíamos comprado en el quiosco del Curro cuando, en una esquina, Paco se me plantó delante con la sonrisa ladeada, los brazos en jarras y las piernas abiertas. No sé qué pudo sucederme, pero en ese momento sé que soy yo el que tiene que romper el círculo y me abalanzo sobre él. Caemos al suelo abrazados. Consigo hacerle una llave al cuello y aprieto con ganas para no separarme, no quiero ponerme al alcance de sus puños, pero él consigue voltear nuestros cuerpos y echa todo su peso sobre mí. El cemento de la acera me raspa la mejilla y la frente, y mis fuerzas empiezan a flaquear. Consigue soltarse y mientras me preparo para recibir los puñetazos se me ocurre algo. Busco un mixto de trueno en el bolsillo y lo raspo contra el cemento. Cuando oigo el petardeo y sé que está encendido se lo pego en la cara. Grita de dolor con las manos en los ojos, el mixto estallando en su piel quemada. Se levanta sin dejar de aullar y aprovecho para darle una patada en la espinilla, después agarro un cascote y le golpeo en la cabeza. Voy a darle de nuevo cuando algo inesperado choca contra mí y me lanza dando volteretas a varios metros de distancia. Es su hermano mayor, Eladio. No consigo incorporarme y me llueven las patadas hasta que un par de vecinos mayores lo separan de mí. Sujeto por los hombres no dejaba de gritarme que de esa me iba a acordar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me alejé de allí. Tenía que pasar por la fuente para lavarme antes de ir a mi casa, tenía inventar una excusa perfecta para que mi madre no se lo contara de nuevo a su tía. Tenía que parar aquello como fuera. Me entraron ganas de matar a Santiago, de clavarle dos cuchillos en los ojos, por cagón. Pensé que en esos momentos él estaba muy tranquilo en su casa de la huerta, con sus perros y sus pájaros, ajeno a cualquier amenaza, y lo envidié.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/29884793-5923167276626177673?l=hanksiolitiko.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://hanksiolitiko.blogspot.com/2009/09/pajaros-ciegos.html</link><author>noreply@blogger.com (Hank)</author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_voCyRtC-_u4/Sri15S3rqcI/AAAAAAAAAWY/AEqCorXUvdw/s72-c/Sparrow_260507.jpg' height='72' width='72'/><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>13</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-29884793.post-6447832318768838681</guid><pubDate>Wed, 22 Jul 2009 10:50:00 +0000</pubDate><atom:updated>2009-07-22T14:43:09.258+02:00</atom:updated><title>El sitio incompartible</title><description>&lt;a&gt;&lt;img style="margin: 0pt 10px 10px 0pt; float: left; cursor: pointer; width: 200px; height: 189px;" src="http://2.bp.blogspot.com/_voCyRtC-_u4/Smbu-7oOWqI/AAAAAAAAAWQ/y_kieZFFvLE/s200/bar2bt7.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5361235171356859042" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-family: arial;font-size:130%;" &gt;A veces no me importa no tocarte nunca. De vez en cuando eso no me importa, me da igual porque lo que quiero en el fondo es el fondo que nos une, el elemento químico más  pesado de la reacción; como dos barcas amarradas con maromas larguísimas al mismo muerto, dos cosas distintas que son sin arreglo lo mismo, dos cuerpos deambulando sin abrazar lo que buscan porque no buscan nada, sin abrazar nada y apuntalados de lo que les rodea porque lo que más desean está dentro de uno: ni cerca, ni lejos, ni en otra parte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando imaginas que me montas y me agarras con la carne, mis ojos se llenan de carreteras, de paisajes, árboles, sendas, huertas, higueras, pastos, expectativas, niños, nacimientos, esperanzas, ilusiones, caminos, silencios, brisas, lunas, nubes, soles, grillos, noches, gustos, primicias, alegrías, sabores, olores..., tu boca, tus ojos;  tu boca, mujer, y no morir jamás. Probar tu sangre, beberla y renovarme; alimento, víctima unívoca de un vampiro que desprecia otro cuello y otro líquido que no sea el tuyo: tus caldos para mis labios con esta sed que me está arañando la garganta y el corazón, esta sed mía de hembra pura disponible, entregada, dominada, nacida para que yo te ensarte y te goce a embestidas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero a veces me da igual no tocarte, no probar tus pezones, ni oler tu cuello, ni tu saliva en mi lengua, ni tus manos en mi sexo, ni tus dedos en mis labios, ni tus ojos abiertos  mirándome, ni tus ojos cerrados sorbiéndome, y lo único que importa es conocerte viva, saber que existes y tenerte así, pendiente de mí, en mí, contigo, tan lejos y qué más da; tan en otros brazos y con tantas ganas de los tuyos, de los míos. A veces que cuando recibas un regalo quieras compartirlo conmigo; siempre encontrar una alegría y buscarte adentro para enseñártela, para que la veas conmigo cuando estoy bien, cuando sé que lo puedo casi todo, y qué importa el aburrimiento si estás viva y a lo mejor me quieres.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo más raro es cuando escucho alguna música y tú eres la música, o el aire por la mañana, o la tarde, o el orgasmo de tocarme y correrme en tus manos. Todo esto, todo esto es fácil de entender, todo esto quiere decir que giro a tu alrededor, siempre a tu alrededor y que nunca jamás seré el centro, nunca el eje, y siempre estaré alrededor de ti y tú serás mi centro incompartible.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style:italic;"&gt;Encontrado en una servilleta abandonada en un bar. Tetuán.&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/29884793-6447832318768838681?l=hanksiolitiko.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://hanksiolitiko.blogspot.com/2009/07/el-sitio-incompartible.html</link><author>noreply@blogger.com (Hank)</author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_voCyRtC-_u4/Smbu-7oOWqI/AAAAAAAAAWQ/y_kieZFFvLE/s72-c/bar2bt7.jpg' height='72' width='72'/><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>23</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-29884793.post-5324076998136404532</guid><pubDate>Mon, 29 Jun 2009 20:15:00 +0000</pubDate><atom:updated>2009-06-30T12:36:46.175+02:00</atom:updated><title>Expectativas</title><description>&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_voCyRtC-_u4/SkkhW_Nwb4I/AAAAAAAAAWI/S0iE7MKLgHI/s1600-h/jukebox1.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5352846310916517762" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 216px; CURSOR: hand; HEIGHT: 197px" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_voCyRtC-_u4/SkkhW_Nwb4I/AAAAAAAAAWI/S0iE7MKLgHI/s200/jukebox1.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:130%;"&gt;No sé. La primera vez enamorado y ella a un palmo de mí, a mi lado, con la espalda contra la pared, en silencio, a la espera; de qué, yo no lo sé. Los dos solos y la tarde se muere tan deprisa que no consigo acomodar mi retina a la oscuridad, que lamió sus tobillos y empezó a subir como una marea negra pantorrillas arriba. Yo tengo frío y no sabía qué hacer con mis mocos en la punta de la nariz. ¿Sorberlos? Tú no lo harías. Y también estaban mis tripas, nerviosas por el miedo que tengo de que las oiga. Se peleaban entre ellas en el silencio de aquel encuentro pactado que tanta diarrea me ha provocado todo el día. Ella disimula la sonrisa y mira hacia la esquina superior derecha de la escena, de su escena, como hacen muchos cuando buscan la inspiración, o una ocurrencia, o por simple distracción volandera. Por el rabillo del ojo vi que dos o tres pelos largos se le habían escapado de la coleta y me rozan la barbilla, la nariz, la oreja, el cuello, diciéndome cosas que no llegué a entender y que me dejaron fascinado. Al rato me miró no sé cuánto tiempo, y cuando me tenía a un palmo del suelo, crucificado, me dice que se le hace tarde. Yo le contesto que bueno, y sin más replica pues adiós y sale corriendo con la falda de colegiala persiguiéndola a bandazos en una carrera que tenía más que perdida. Su pelo también volaba detrás, igual de perdedor. Quién fuera la cinta de su cola rubia, y quién su falda y rodearle lánguida las piernas cuando llegue a la meta. Me sorbí los mocos y me fui a escuchar la que sería &lt;em&gt;nuestra canción&lt;/em&gt; en la gramola de los billares. Mis amigos me miraban raro cuando escuchaba la música y yo no los veía aunque me hablaran.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/29884793-5324076998136404532?l=hanksiolitiko.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://hanksiolitiko.blogspot.com/2009/06/expectativas.html</link><author>noreply@blogger.com (Hank)</author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_voCyRtC-_u4/SkkhW_Nwb4I/AAAAAAAAAWI/S0iE7MKLgHI/s72-c/jukebox1.jpg' height='72' width='72'/><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>20</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-29884793.post-8610930311410029071</guid><pubDate>Sat, 06 Jun 2009 17:49:00 +0000</pubDate><atom:updated>2009-06-09T11:32:30.400+02:00</atom:updated><title>Autorretrato</title><description>&lt;span style="font-size:110%;"&gt;A veces parezco una lata atada a un coche de recién casados, pero yo atado a los días que me llevan dando tumbos muchas horas y de pronto me sueltan a la orilla de un jardín, o al extremo de la barra de un bar maloliente, o frente a una ventana donde suceden cosas cotidianas, aburridas, tediosas, pero interesantes de mirar sin venir a cuento, no sé por qué.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A veces soy yo, y otras no me reconozco. Entonces me sobresalto un poco y siento que no existo, me asusto y odio al que se refleja en el espejo por haberme arrebatado. Me lavo las manos con jabón y mucha agua corriente, tampoco sé por qué, y luego me seco con papel reciclado y me limpio de mí y siento como que tengo que hacerme de nuevo y que eso es posible, o sea que no todo está perdido, y una sombra de identidad se asienta en mí y parezco el de siempre y me pongo a trabajar o algo así.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A veces pierdo la edad y apenas encuentro unos pocos años, digamos doce o trece, y muchas cosas me dan miedo y otras mucho gusto, como si en esos escasos años hubiera una parte muy mala que tiene que ver con la gente y los asuntos de la gente, y otra maravillosa que sólo tiene que ver con niños que ya no existen, y con pájaros mirlos, y ramas de higuera con brevas, y azoteas para mirar las estrellas abovedadas y repletas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A veces respiro y no sé qué cosa hedionda me entra por la nariz, y pienso si respirar es lo más adecuado y si no sería mejor dejar de hacerlo, pero luego respiro más y me pasa como a los drogadictos que absorben arenilla y de pronto se ponen tan contentos de estar vivos, igual me pasa, y lo que está ocurriendo alrededor me entra entonces a fosas llenas y pienso que si sucedió eso tan bueno que me trae el olfato ―la magdalena, la leña quemada y las pastillas de jabón Heno de Pravia― igual podría volver a ocurrir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A veces me acuesto con ganas de no despertar nunca, pero lo hago varias veces durante la noche: me despierto y me despierto otra vez, y no paran los sueños con su cosa terrorífica y hermosa, hasta que me despierto al fin por la mañana temprano y me acuerdo de las latas del coche de recién casados y me entran ganas de que hubiera sucedido eso de no despertar más que había deseado antes de dormir, pero los sueños terribles y bellos me dan un buen rollo incomprensible y se me ocurre que si consigo llegar a la siguiente noche aún queda una esperanza de algo. No sé de qué.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A veces escribo y muchas veces no. A veces escribir me gusta, otras veces no sé qué pasa mientras escribo. A veces ni me importa, pero otras espero algo que nunca llega. Tampoco sé qué espero. Al final nada me queda claro, y si escribo es por algo y si no, también será por algo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fin.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/29884793-8610930311410029071?l=hanksiolitiko.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://hanksiolitiko.blogspot.com/2009/06/autorretrato.html</link><author>noreply@blogger.com (Hank)</author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>25</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-29884793.post-2285879435485437446</guid><pubDate>Mon, 01 Jun 2009 19:41:00 +0000</pubDate><atom:updated>2009-06-09T11:35:39.912+02:00</atom:updated><title>Diálogos de un bicéfalo</title><description>&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_voCyRtC-_u4/SiRA8nBbDYI/AAAAAAAAAVo/8txymi51GVY/s1600-h/441076555_9b147e25b7_o.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5342466467979529602" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 200px; CURSOR: hand; HEIGHT: 150px" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_voCyRtC-_u4/SiRA8nBbDYI/AAAAAAAAAVo/8txymi51GVY/s200/441076555_9b147e25b7_o.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; &lt;span style="font-size:110%;"&gt;― Deja de pensar en eso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;―En qué.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;―En lo que ya sabes; me pone mal cuerpo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;―A ti todo lo que no sea follar y beber te pone mal cuerpo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;―Pues, ahora que lo dices, no estaría mal un poco de sexo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;―¡Suelta la bragueta, vicioso de mierda!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;―Venga, no seas muermo…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;―No voy a dejar que te toquetees ahora. No quiero.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;―Y qué pretendes hacer, ¿seguir mirando por la ventana y suspirar por la estúpida esa?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;―No te pases con ella…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;―Te has emperrado con la rubia. Si por ti fuera estaríamos todo el día espiándola amargados. Ni siquiera te pone caliente: vamos, ¡rollo platónico!, tiene cojones…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;―Te compenso dejándote beber como nunca, nos vas a pudrir el hígado, no tienes derecho a quejarte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;―Faltaría. Ni Emma quiere ya follar con nosotros con esa cara de Dolorosa que tienes. Lo sabes: te mira raro y no pone ningún interés. Nos evita si puede. Antes de que apareciera &lt;em&gt;el amor de tu vida&lt;/em&gt; nos divertíamos con ella, le gustaba&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;―A Emma le pagamos, no lo olvides.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;―Al principio no se le iba el susto del cuerpo. Dos bocas y cuatro ojos no es lo más habitual , pero luego empezó a darle cada vez más morbo hacerlo con nosotros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;―Con nosotros, siempre &lt;em&gt;nosotros&lt;/em&gt;… eso es lo que más me jode.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;―Claro, ahí está el quid: sabes que tu rubia saldría corriendo si viera algo como &lt;em&gt;nosotros&lt;/em&gt;.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;―Si pudiera librarme de ti…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;―Noto el odio bullendo en la sangre, no sigas por ese camino.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;―Tienes razón, perdona.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;―Je, je, je, je.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;―¿De qué te ríes ahora?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;―Se me ocurre que si fueras &lt;em&gt;bifalo&lt;/em&gt; en vez de bicéfalo tu rubia sería muy feliz contigo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;―Ah, cabrón, me haces reír… Venga, te invito a un trago.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;―¿Ves?, cuando sonríes te pones mucho más guapo. ¿Llamamos a Emma?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/29884793-2285879435485437446?l=hanksiolitiko.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://hanksiolitiko.blogspot.com/2009/06/dialogo-interior.html</link><author>noreply@blogger.com (Hank)</author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_voCyRtC-_u4/SiRA8nBbDYI/AAAAAAAAAVo/8txymi51GVY/s72-c/441076555_9b147e25b7_o.jpg' height='72' width='72'/><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>12</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-29884793.post-3544346700075066830</guid><pubDate>Mon, 18 May 2009 21:04:00 +0000</pubDate><atom:updated>2009-06-09T11:33:36.459+02:00</atom:updated><title>Breve manual para comerse las uñas</title><description>&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_voCyRtC-_u4/ShHNiNkfSkI/AAAAAAAAAVY/toOKbOdMq2Q/s1600-h/ads.jpg"&gt;&lt;img style="float:left; margin:0 10px 10px 0;cursor:pointer; cursor:hand;width: 162px; height: 200px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_voCyRtC-_u4/ShHNiNkfSkI/AAAAAAAAAVY/toOKbOdMq2Q/s200/ads.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5337273021052701250" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:110%;"&gt;Lo primero; una mirada a vuelo raso: otear rebordes aéreos en los alerones de los dedos, buscar ángulos prominentes al descuido, como a bote pronto; esquinas elevadas, cúmulos de queratina a lo largo del perímetro uñal, padrastros, compadres, pellejos y guedejas de piel con pretensiones independentistas entre la carne y el tejido que vamos a perpetrar en breve. Todo esto, por supuesto, pensando en otra cosa: el plazo de la hipoteca, la extinción de la foca monje, el próximo reconocimiento médico, etcétera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Localizado el objetivo, acometer un estudio, aunque más detenido, rápido  ―a fin de cuentas no se trata más que de una uña―, contrastando su contorno con la parte alta de la yema del dedo antes de empezar a esculpir. Salivear el trozo de nuestro interés y dejar a remojo mientras nos dedicamos con esmero a los dedos adyacentes, discurriendo, por ejemplo, sobre el potencial desequilibrante de Leo Messi, en bajar luego a por tabaco, en que no por mucho madrugar el vaso estará medio vacío.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Reblandecidas tres o cuatro, iniciamos un recorrido circular desde la primera, tanteando la tersura de las excrecencias con los incisivos. Desmenuzamos una esquirla y tiramos con cuidado. Si duele es porque la estamos arrancando de raíz: desistir del empeño y morder con tino hasta que la astilla quede suelta sobre la lengua. Llegados a este punto, el residuo debería escupirse al aire, pero ―y esto va en gustos― bien podría triturase diente contra diente hasta conseguir una pulpa fácilmente ingerible. Opción que, por otra parte, proporciona al sujeto un tiempo añadido para reflexionar sobre, digamos: el nefando desperdicio de las uñas de los pies, tan lejanas; si es posible que de verdad existan las siglas CONCAPA; la inquebrantable decisión de dejar de fumar la semana que viene.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aplicadas estas instrucciones con éxito en el primero, es fácil proseguir desde este punto, dedo a dedo, hasta perfilar los diez a los que normalmente tenemos acceso en ausencia de defectos genéticos o amputaciones ―a no ser que seamos contorsionistas para alcanzar los de las extremidades inferiores o alguien nos preste los suyos para proseguir la faena en otras manos―.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una variante de la técnica aquí explicada, consiste en roer en lugar de partir, pulir los filos con los incisivos directamente, como haría cualquier conejo con una zanahoria. Es ésta una metodología muy extendida que, al contrario que la expuesta, proporciona un hilo de pensamiento secuencial y sin interrupciones que bien podría dar lugar a reflexiones de primer orden sobre temas cruciales y delicados.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Buen provecho.&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/29884793-3544346700075066830?l=hanksiolitiko.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://hanksiolitiko.blogspot.com/2009/05/lo-primero-una-mirada-vuelo-raso-otear.html</link><author>noreply@blogger.com (Hank)</author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_voCyRtC-_u4/ShHNiNkfSkI/AAAAAAAAAVY/toOKbOdMq2Q/s72-c/ads.jpg' height='72' width='72'/><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>20</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-29884793.post-928456408600701321</guid><pubDate>Sun, 10 May 2009 22:06:00 +0000</pubDate><atom:updated>2009-06-09T11:33:52.995+02:00</atom:updated><title>Un minuto antes de despertarte</title><description>&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_voCyRtC-_u4/SgdQKYf4isI/AAAAAAAAAVQ/ctlj5O1htaw/s1600-h/lava+submarina.jpg"&gt;&lt;img style="float:left; margin:0 10px 10px 0;cursor:pointer; cursor:hand;width: 200px; height: 135px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_voCyRtC-_u4/SgdQKYf4isI/AAAAAAAAAVQ/ctlj5O1htaw/s200/lava+submarina.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5334320422948735682" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:110%;"&gt;Un minuto antes de despertarte, una mosca levanta el vuelo con las primeras luces de la mañana y surfea las ráfagas de tu último sueño. Se desliza, funámbula, sobre tus olas oníricas en fase REM con pericia anticipadora, atolondrada y feliz, con la playa de tu cara como punto final de sus piruetas, a punto ya de adherirse a tu piel con sus seis ventosas infalibles y explorar el terreno a la caza de excreciones nocturnas. Está lloviendo, y el insecto acusa la pesadez atmosférica en sus alas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un minuto antes de despertarte, en el Pacífico Sur erupcionan rollitos de mantequilla ardiente que glasea al instante el frío de las profundidades marinas; imparables gusanos de lava que se empujan, se abren como palmeras y se amontonan unos sobre otros como un cáncer fecundo para generar sin mayor esfuerzo una nueva isla en la faz del océano. El espectáculo no sólo pasa inadvertido para ti, que duermes en ese preciso instante, sino casi para toda la humanidad. Sólo los sismógrafos registran con rayas extremas la actividad telúrica que se desencadena.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un minuto antes de despertarte, acaricias su piel de seda sin sacarla del sueño, y sus pezones, cimas de dos volcanes extintos, se yerguen por cuenta propia, ajenos a su conciencia, como si fueras tú, sin metáforas, el dueño de su cuerpo; ambición inconfesa de tu vida. Ella se gira y queda boca arriba, extendida y abierta. Aprovechas para acomodar tu escroto en la palma de su mano, aún dormida, antes de besarla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La mosca aterriza en tu nariz con el impacto sincronizado de media docena de ventosas. El cosquilleo te saca del sueño sin pasar por la cámara de despresurización de otros despertares más pausados. La vigilia recién estrenada te sorprende en la cama con una erección a prueba de terremotos y la catarata de abandonos familiares de las últimas semanas sobre tu conciencia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Deseas morirte un segundo antes de que el techo se desmorone sobre tu cabeza, pero después ya no quieres, bajo los escombros y medio reventado no, cuando ya es inevitable entonces no, pero así son los desarreglos intestinales del núcleo terrestre: vomita en un extremo del mundo y gasea en el contrario, sin tener en gran estima los conflictos humanos, quién sabe por qué. &lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/29884793-928456408600701321?l=hanksiolitiko.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://hanksiolitiko.blogspot.com/2009/05/un-minuto-antes-de-despertarte.html</link><author>noreply@blogger.com (Hank)</author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_voCyRtC-_u4/SgdQKYf4isI/AAAAAAAAAVQ/ctlj5O1htaw/s72-c/lava+submarina.jpg' height='72' width='72'/><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>8</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-29884793.post-1632704229899426336</guid><pubDate>Sun, 03 May 2009 19:58:00 +0000</pubDate><atom:updated>2009-06-09T11:34:12.996+02:00</atom:updated><title>El folio escurridizo</title><description>&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_voCyRtC-_u4/Sf336X7gf7I/AAAAAAAAAVI/LB8N5hco2ME/s1600-h/folio.jpg"&gt;&lt;img style="float:left; margin:0 10px 10px 0;cursor:pointer; cursor:hand;width: 130px; height: 200px;" src="http://1.bp.blogspot.com/_voCyRtC-_u4/Sf336X7gf7I/AAAAAAAAAVI/LB8N5hco2ME/s200/folio.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5331690116104617906" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:110%;"&gt;Al agacharse para recogerlo, el folio emprendió el vuelo, giró sobre sí mismo un par de veces y aterrizó en el bordillo de la ventana del patio interior.&lt;br /&gt;Relleno en sus tres cuartas partes de espesa caligrafía, resbaló de la mesa donde lo había abandonado un momento antes, cuando se levantó para coger una cerveza del frigo. Hacía calor, y la pesadez, incubada a lo largo de toda la jornada, daba ahora la cara abiertamente y se extendía por sus telarañas neuronales como una gota de tinta en un vaso de leche desnatada. La profusión de folios arrugados y desperdigados por el suelo eran la prueba exacta de su capacidad creadora; una siembra de derrotas en todo orden. &lt;br /&gt;Se acercó a la ventana y, a punto de rescatarlo, una ráfaga lo empujó de nuevo y el texto se dejó caer con suaves oscilaciones hasta el tendedero del vecino. «¡Coño!», exclamó alarmado. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El joven había alquilado el piso de abajo un par de meses atrás. Una noche que se cruzaron cuando él bajaba a tirar la basura lo invitó a que viera su pecera azul. Con curiosidad casi profesional, recolectora, el hombre aceptó de buen grado. El interior del apartamento era difícil de catalogar, ni organizado ni caótico, sino una extraña combinación de ambas cosas: una especie de islas de insólita anarquía se componían en un orden preciso dentro de la casa, como si todo estuviera fuera de lugar y en su sitio al mismo tiempo. Una inquietud amenazante le recorrió el espinazo y un regusto eléctrico le resbaló por los laterales de la lengua. La pecera estaba iluminada por neones azules y en su interior nadaban seis o siete peces de aspecto huraño. El chico cogió un muslo de pollo de la nevera y lo sostuvo por encima del agua. Los peces se congregaron debajo. Uno de ellos dio varias vueltas inquieto, saltó y se aferró al alimento, coleando fuera del agua. El tipo gritó excitado «¡son pirañas!», y soltó el muslo cuando otro emergió por el lado contrario y mordió la carne muy cerca de sus dedos. Cuando cayó al agua, todos los peces se lanzaron a devorarlo. En un par de minutos sólo quedó el hueso blanco sobre la gravilla de la pecera. El chico sonreía orgulloso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después de este episodio, el escritor vigiló con interés las evoluciones de su vecino, la arbitrariedad de sus entradas y salidas, los inquietantes personajes que lo visitaban, y captó por la rendija de la puerta entreabierta los diálogos furtivos que tenían lugar en el rellano de abajo. Como escritor realista, la actividad del nuevo inquilino resultaba una interesante fuente de inspiración, así que observó lo que pudo y fabuló el resto. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Que el joven leyera lo que estaba escribiendo basado en su espionaje casero, a pesar de su poca calidad literaria, no dejaba de suponer un peligro latente. No sabía hasta qué punto eran reales sus sospechas, ni cuánto de lo imaginado se había infiltrado en la objetividad de sus observaciones, pero en estos momentos la duda de si la pistola que aparecía en su relato la había visto de verdad entre el caos de una de las islas o era fruto de su propia cosecha lo empujaba a reaccionar por puro instinto de conservación. &lt;br /&gt;Decidido a poner la hoja volandera fuera de su alcance, pensó lanzarle una zapatilla que la arrastrara al fondo del patio interior, donde sería fácilmente recuperable. A punto estaba de soltarle encima una de sus Nike cuando por tercera vez el folio vibró un instante antes de flotar y colarse ingrávido por la ventana del vecino. Muy alarmado, casi angustiado, bajó para recuperar la hoja antes de que cayera en sus manos. Después de varios aporreos comprendió que allí no había nadie, excepto las pirañas, si no se habían comido unas a otras. Pensó en tirar la puerta abajo, pero desistió cuando comprendió que lo que estaba ocurriendo no era una película de serie B y tuvo conciencia de sí mismo, o sea, de su escasa envergadura real. Decidió esperarlo en su casa con la puerta abierta para oírlo llegar y abordarlo antes de que entrara en el apartamento. Sería fácil si no venía acompañado. Además, sólo se trataba de una hoja sin la menor importancia que había arrastrado el viento. En cualquier caso de nada servía preocuparse, y por lo pronto gozaba de la tranquilidad de que mientras no llegara no habría peligro real ni figurado. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando el chico acabó de leer la hoja cogió la pistola y subió con sigilo al piso de arriba. Se mosqueó cuando encontró la puerta abierta. Levantó el percutor y entró en silencio, como los polis, con los brazos extendidos y apuntando en todas direcciones con barridos laterales de sus manos agarradas al arma. El hombre dormido despertó con una especie de gruñido y levantó la cabeza con un movimiento brusco. El chico disparó instintivamente y el hombre cayó de espaldas, junto con la silla en la que estaba sentado, en mitad un montón de folios arrugados.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El joven ojeó alguno de los papeles estrujados y comprendió. «Pobre imbécil», murmuró. Bajó a su apartamento y recogió lo imprescindible para un rápido cambio de domicilio. Cuando iba a salir decidió ofrecerles un atracón de despedida a las pirañas. Dejó caer en la pecera un par de filetes y los restos del pollo de la cena del día anterior. Los animales se lanzaron sobre la carne y el agua se enturbió en pocos segundos. &lt;br /&gt;Antes de abandonar el apartamento, buscó el folio delator, subió y lo dejó caer sobre el cuerpo del novelista, como si él sí aceptara su papel de serie B.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La hoja, ligeramente doblada por los bordes, pero entera al fin, parecía descansar victoriosa sobre el pecho de su autor. Tal vez un poco encogida por todo ese montón de semejantes muertos, arrugados y enredados con pelusas, pero indudablemente satisfecha por su justa venganza.&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/29884793-1632704229899426336?l=hanksiolitiko.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://hanksiolitiko.blogspot.com/2009/05/el-folio-escurridizo.html</link><author>noreply@blogger.com (Hank)</author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_voCyRtC-_u4/Sf336X7gf7I/AAAAAAAAAVI/LB8N5hco2ME/s72-c/folio.jpg' height='72' width='72'/><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>7</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-29884793.post-6062767467473105729</guid><pubDate>Wed, 29 Apr 2009 19:20:00 +0000</pubDate><atom:updated>2009-04-29T21:35:38.829+02:00</atom:updated><title>La tormenta</title><description>&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_voCyRtC-_u4/SfirUoQ6GSI/AAAAAAAAAVA/Ab9Ct1yn15M/s1600-h/untitled2.jpg"&gt;&lt;img style="float:left; margin:0 10px 10px 0;cursor:pointer; cursor:hand;width: 200px; height: 130px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_voCyRtC-_u4/SfirUoQ6GSI/AAAAAAAAAVA/Ab9Ct1yn15M/s200/untitled2.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5330198529887050018" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;De madrugada, la lluvia comenzó a mojarle el abrigo raído. El hombre juró en voz alta y pensó que ojalá lloviera dinero, un buen chaparrón. &lt;br /&gt;Pronto oyó a su lado un golpe sordo seguido de un tintineo. Recogió la moneda de euro y la observó en la palma de la mano: el choque contra el adoquín la había doblado. Escuchó más colisiones alrededor, como balazos, y sonrió con la boca abierta buscando las monedas. Entonces la lluvia arreció y saltó hecho añicos el parabrisas de un coche cercano. Se asustó cuando comprobó que las que caían de canto atravesaban el capó de los coches como si fuera de mantequilla. Corrió con las manos en la cabeza, rodeado por el fragor metálico, pero uno de los discos impactó en su hombro y lo lanzó contra la acera antes de conseguir refugiarse. Expuesto a la lluvia en toda su longitud, los pequeños proyectiles se le clavaban en la carne con facilidad. &lt;br /&gt;Antes de perder la consciencia un relámpago iluminó a lo lejos la imagen de una casa aplastada por el peso de las monedas, donde la tormenta descargaba con furia.&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/29884793-6062767467473105729?l=hanksiolitiko.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://hanksiolitiko.blogspot.com/2009/04/la-tormenta.html</link><author>noreply@blogger.com (Hank)</author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_voCyRtC-_u4/SfirUoQ6GSI/AAAAAAAAAVA/Ab9Ct1yn15M/s72-c/untitled2.jpg' height='72' width='72'/><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>10</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-29884793.post-6540135875323440832</guid><pubDate>Tue, 21 Apr 2009 19:24:00 +0000</pubDate><atom:updated>2009-04-21T21:56:00.053+02:00</atom:updated><title>Hoy por ti, mañana por mí</title><description>&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_voCyRtC-_u4/Se4dm0GO8rI/AAAAAAAAAUY/A7CBSHraaSs/s1600-h/Bernat%2520Joval%252008.jpg"&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Veo un cuerpo cruzado en la carretera, tumbado en el asfalto, que levanta el brazo un par de veces antes de quedarse inmóvil. Un herido, un accidente..., ¿una trampa? Escruto las veradas del camino que discurre flanqueado de chopos y de breñas salpicadas con retales de tierra labrada. Me tranquiliza lo despejado del terreno y la delgadez de los troncos, incapaces por lo pronto de disimular una emboscada. La carretera es estrecha, una raya blanca intermitente que apenas permite la circulación en ambos sentidos. No puedo eludir el obstáculo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me detengo a unos metros y observo el panorama sin salir del coche. Ya no se mueve. ¿Se habrá terminado de morir? Intento pasar entre las piernas y el borde de la calzada, pero la rueda tropieza con algo cuando estoy a punto de sortearlo. Sé que son sus pies. Pienso en lo fácil que sería pasar por encima y olvidar todo el asunto, dejarlo atrás, pero la posibilidad de oír gritar al tipo en caso de que esté vivo es más de lo que puedo soportar. Doy marcha atrás y echo un último vistazo a los alrededores antes de bajar. Dejo la puerta abierta por si las moscas y me acerco al herido —o al muerto, cómo saberlo—. El viejo no responde a mis palabras así que le doy unos meneos en el hombro con la punta del zapato, suavemente primero y con energía después, sin conseguir el menor resultado. Ni siquiera parece respirar, ¿cómo habrá venido a parar aquí? Busco signos de atropello o algún tipo de violencia en su cuerpo o en el suelo en torno a él, en ambos lados de la calzada, las marcas de un neumático, un frenazo…, pero todo parece tranquilo, como si el tipo hubiera decidido irse a morir allí, en medio de una carretera local que viene de ninguna parte y que se dirige a ningún sitio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por lo pronto decido sacarlo del camino para poder pasar y después, si está muerto no voy a meterme en líos, que a fin de cuentas qué ayuda puedo prestarle ni yo ni nadie en ese caso, y si está vivo ya veremos. Estoy tirando del cuerpo por los sobacos con gran esfuerzo y escaso éxito cuando un vehículo aparece en la última curva y avanza a toda pastilla contra nosotros. No tengo tiempo de reaccionar ni de hacer ninguna otra cosa que quedarme mirando aquel bólido rojo a punto de impactar contra mi coche. Se detiene con un frenazo humeante a unos palmos del parachoques y un tío con bigote se me queda mirando con las manos en el volante y los ojos como platos. En un par de interminables segundos comprendo que no están compinchados, que el muerto no se va a incorporar con una pipa en la mano agarrándome de los huevos, ni el del bigote se va a plantar en jarras delante de mí con la sonrisa ladeada, y consigo entonces tragar la bola de miedo que me ha cortado la respiración por unos instantes. Un cosquilleo en la palma de las manos me acaba de confirmar que la sangre circula de nuevo por mis venas. Revivo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En ese momento no puedo evitar imaginarme la escena desde arriba, enfocada por una cámara cenital: a duras penas puedo detener una carcajada tan absurda como la imagen congelada de tres personajes en semejante trance en medio de ninguna parte. Aunque el asunto no tiene ni puta gracia, la verdad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;―¡Lo ha matado! ―grita el hombre del bigote abriendo la portezuela y apuntándome con el dedo índice.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;―Eh…, no, no. Lo encontré así ―niego yo con el mismo de mi mano derecha, como si fuera un frenético limpiaparabrisas, con el brazo extendido en su dirección.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La víctima, sostenida de pronto de un solo lado, ha dejado caer la cabeza hacia atrás y exhala un gorgoteo burbujeante que atrae mi mirada y la del otro tipo, que ha llegado a nuestra altura. Con los brazos hacia atrás a modo de contrapeso, mira al herido como si mirara un precipicio y el instinto lo empujara a contrarrestar una posible pérdida de equilibrio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;―¿Qué está pasando aquí? ―pregunta en plan americano, sin llegar a ponerse del todo a nuestro alcance, guardando las distancias.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;―Nada. He encontrado a este hombre ahí, tirado en mitad de la carretera, cuando venía conduciendo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;―¿Está muerto?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;―Creo que no haría esos ruidos si lo estuviera...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;― ¿Y dónde lo lleva?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;―Eh…, a ninguna parte, no sé, acabo de encontrarlo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El hombre lo mira con el ceño fruncido unos segundos, sin llegar a tocarlo. Después inspecciona el paragolpes delantero de mi coche y decide:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;―Bien, habrán huido después de atropellarlo. Vamos a subirlo al coche, llevémoslo a un hospital antes de que sea demasiado tarde.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No puedo evitar sentirme una mierda ante la empatía que puede desplegar, de buenas a primeras, un desconocido cualquiera. Y yo temiendo que fuera un atracador hace un momento… Cuando lo agarra de las piernas casi estoy a punto de gritarle que no, que lo suelte, que lo he encontrado yo, que es &lt;em&gt;mi &lt;/em&gt;oportunidad, no la suya. Como un miserable me dejo llevar sosteniendo al muerto por las axilas mientras el buen hombre camina hacia atrás dirigiendo la operación. Cuando la repugnancia hacia mí mismo casi me produce una arcada, el tipo del bigote se detiene y abre la puerta trasera de mi coche.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;―¿Al mío? —pregunto desconcertado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;―¿Qué importa eso ahora? ―me pregunta con tono vagamente acusador.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;―Yo pensé…, pero claro, por supuesto…, faltaría más, claro... Vamos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Empujamos como podemos al enfermo, o lo que sea, dentro del coche. La presión en el estómago le hace eructar; huele a rayos. Apenas podemos apoyarlo en el respaldo del asiento trasero, con las piernas encogidas contra una de las puertas. El hombre del bigote dice que es mejor mantenerlo incorporado no se vaya a ahogar con su propia lengua.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;―Vamos, arranque ―dice el tipo cerrando las portezuelas―, en el pueblo siguiente podrán atenderlo. Le sigo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;―Vale, venga… ―alcanzo a contestar, y me pongo en marcha.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Veo por el retrovisor que el coche rojo, efectivamente, me sigue a corta distancia. Me digo que bueno, que no soy tan ruin, lo habría traído yo aunque no hubieras aparecido tú, señor bondadoso con bigote, es lo menos que se puede hacer por una persona en esas circunstancias, ¿no? Hoy por ti, mañana por mí; nadie está libre de accidentes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me siento bien. Incluso comienzo a silbar los primeros compases de una tonada, pero enseguida caigo en la cuenta de que la situación no es la más apropiada para ciertas alegrías y me contengo. El viejo de atrás gorgotea de nuevo suavemente. Avanzamos unos cuantos kilómetros sin encontrarnos con otros vehículos, ni con nada parecido al pueblo que lleva anunciándose desde hace un par de señales; no parece una región muy transitada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sin previo aviso, en un cruce, el tipo del coche rojo gira a la derecha y me quedo solo en la carretera. Bueno, a fin de cuentas al accidentado ya lo llevo yo, no necesito a nadie más. A lo lejos se divisan unas casas solitarias entre tierras cultivadas. Pero quizás tenga que declarar ante la policía, pienso; me podría haber ayudado como testigo o algo. Muy buena persona, sí, y muy responsable, también, y todo lo que quieras, pero el marrón me lo trago yo, y su conciencia tan tranquila.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al viejo de atrás lo sacude una basca y oigo resbalar un líquido espeso. El hedor a sangre vomitada inunda el coche. Joder, este tipo está podrido por dentro. Por la esquina del retrovisor consigo ver una papilla negra que se desliza lentamente por la pechera del tío y decido pararme a limpiarlo antes de que me embarre la tapicería. Orillado en el arcén, me cuesta la vida sacar al herido del coche. Como si hubiera recuperado de pronto la consciencia y no estuviera de acuerdo con mis intenciones, los dedos se le enganchan a los bordes de los asientos como garfios, resistiéndose a salir. De hecho, una vez que consigo bajarlo y apoyarlo en una de las ruedas para intentar quitarle la plasta, el hombre entreabre los ojos y balbucea algo que no entiendo porque lo regurgitado ahoga su voz. No sé si se está recuperando o se está terminando de morir otra vez.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ahora que lo pienso, no era necesario bajarlo para enjugarle las bocanadas, no sé por qué lo he hecho, pero de pronto se me ocurre. Sólo se oyen algunos pájaros en las cercanías y los borboteos del viejo: no se ve un alma. Le empujo con el pie y el tipo cae de lado sobre el asfalto. Subo y cierro la puerta. Aún flota un fuerte olor en el interior, pero nada que no se vaya a cierta velocidad con las ventanillas abiertas. Observo al viejo por el retrovisor, tirado en el camino, alejándose. Antes de tomar la primera curva veo que levanta el brazo un par de veces.&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/29884793-6540135875323440832?l=hanksiolitiko.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://hanksiolitiko.blogspot.com/2009/04/hoy-por-ti-manana-por-mi.html</link><author>noreply@blogger.com (Hank)</author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>9</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-29884793.post-2230861024291785324</guid><pubDate>Thu, 19 Mar 2009 18:31:00 +0000</pubDate><atom:updated>2009-03-19T20:10:00.257+01:00</atom:updated><title>Más pequeñas muertes cotidianas</title><description>&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_voCyRtC-_u4/ScKP58nG2rI/AAAAAAAAAUQ/mcZ8DoNJzfQ/s1600-h/7651552-md.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5314968735936076466" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 200px; CURSOR: hand; HEIGHT: 200px" alt="La foto es de Tanya Gramatikova" src="http://2.bp.blogspot.com/_voCyRtC-_u4/ScKP58nG2rI/AAAAAAAAAUQ/mcZ8DoNJzfQ/s200/7651552-md.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;De callejones oscuros desemboqué en el cruce de calles sin asfaltar que se usaba como plaza y me senté en la acera, contra la pared, en una esquina de la que colgaba una bombilla encendida con un platillo que la protegía los días de lluvia. En el muro de enfrente, un puñado de vatios lo intentaba por su parte desde el otro lado con un halo mortecino; los dos círculos de claridad se desvanecían a pocos metros de su origen y no llegaban a encontrarse en el centro del terreno, donde se hacinaban las sombras.&lt;br /&gt;Había visto en el cine la inclinación de muchas mujeres por hombres velados de misterio, tipo James Dean, solitarios y silenciosos, así que decidí mostrarle esa noche una faceta distinta de mi carácter con la esperanza de que, por un milagro, ella me descubriera desde su ventana. Calculé que media hora de pensamientos reconcentrados bastaría para conseguir mi objetivo y me puse a ello con la mirada sumergida en la profundidad de mí mismo.&lt;br /&gt;Me habría venido al pelo un cigarrillo, tirar el humo por la nariz, escupir las briznas de tabaco prendidas de los labios y, atrapada entre el pulgar y el índice, lanzar después la colilla lejos, como un disparo, sacando chispas en los rebotes antes de quedar inmóvil, incandescente en las sombras. Aquella imagen acentuó mi condición solitaria, y mi alma, proyectada en la brasa moribunda, se veía hermosa e indefensa ¿Cómo iba a soportar mi niña la tentación de venir a consolarme…?&lt;br /&gt;Pero yo no tenía tabaco. Robarle pitillos al abuelo era imposible desde que mi madre, temerosa de curas y médicos, le hurgaba los bolsillos y le requisaba los paquetes arrugados. A veces lo sorprendía ocultando para otra ocasión pavas a medio fumar en los huecos de los ladrillos, en la pared desconchada, pero sabían a rayos.&lt;br /&gt;No se veía a nadie. Flotaba en el aire el olor de los braseros que habían ido vaciando las calles con el reclamo de sus ascuas al amparo de la mesa camilla. Sombras esporádicas que cruzaban los huecos de las ventanas y el murmullo sofocado de conversaciones al otro lado de las puertas atenuaban la fuerte sensación de pueblo fantasma. El eco de un ladrido en un cortijo lejano apuntalaba el silencio del crepúsculo.&lt;br /&gt;Una ráfaga me trajo el sonido de unas briznas arrastradas por el suelo, ramitas indecisas que criquearon a mi lado. Me llevé una a la boca.&lt;br /&gt;La brisa, cada vez más fresca, levantaba olores a tierra escarchada de los huertos cercanos y los esparcía por las calles mezclados con el sabor amargo de la hierba. Mordí el palito. El regusto de la madera se deslizó lengua adentro. Reverberó en la cavidad nasal y despertó recuerdos de unos años atrás: el olor de las cañas jóvenes, verdes de savia, que doblábamos al límite de su elasticidad hasta que se partían con un crujido. Las despojábamos de sus hojas afiladas y las dejábamos lisas y relucientes, preparadas para la pesca de las manchas flotantes: globos de colores que arrastraba el curso lento de la corriente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aquella mañana de primavera pescábamos los globos pinchados que tiraba &lt;em&gt;la fábrica&lt;/em&gt; acequia arriba. Les parcheábamos los poros y quedaban como nuevos. Al otro lado del canal, el brillo de su mirada me confundía. La falda plisada a cuadros, los calcetines amontonados en los tobillos, las libretas ―con las huellas de sus dedos en las hojas― apoyadas contra el vientre. Olor a lápiz y a goma de borrar en sus manos. Mechones de pelo rozando el proyecto de sus pechos. Y mi corazón, tembloroso como una gelatina roja.&lt;br /&gt;Se me ocurrió de pronto, fue un impulso sin sentido y fuera de lugar; tras una disputa con otras cañas atrapé un globo de varios colores, grande y valioso, y sin que viniera a cuento lo puse a su alcance en la punta de la caña. Los demás se quedaron boquiabiertos, mudos, a la espera, dejando pasar los globos entre sus cañas vacías, pendientes de mí, pero sin apartar la vista del agua, mirando la escena de reojo. Ella puso cara de espanto. No se lo esperaba, pero pronto se recuperó. Entornó los ojos y miró la caña que yo mantenía en vilo. Sonrió muy sospechosamente con la comisura de los labios hacia un solo lado, y un fulgor perverso cruzó sus pestañas antes de taladrarme las pupilas. Luego, despacio y con premeditación, bajó la vista hasta el globo, se dio la vuelta con el desprecio oteando el panorama desde la punta de su nariz y me ignoró como si no existiera. Me dejó con la caña en alto, apuntando al vacío. Algunas niñas chismorrearon entre risas mal disimuladas. Los chicos no sabían qué hacer, hasta que uno de ellos soltó una carcajada y todos se le unieron. Tiré la caña al agua y corrí de allí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esa humillación antigua hizo retumbar mis intestinos y me sacó del recuerdo. Rechinaban mis tripas por encima del tintineo apagado de los cubiertos de la cena en la casa de al lado, del eco lejano ―lejanísimo― de los perros, de las toses enfermas al otro lado de la pared, del traqueteo irregular de una bicicleta acercándose. Inhalé con avaricia la humedad del aire como si recordara de repente que respirar es necesario.&lt;br /&gt;El pedalear del ciclista iba ocupando silencio conforme se aproximaba por las calles adyacentes. El regusto de la escena en la acequia atravesó el tiempo y se me instaló en la boca del estómago provocándome gran inquietud. Sudaba y tenía frío. Miré el reloj, las agujas habían avanzado decididamente. Yo me moría por ella aunque nunca hubiera aceptado mis globos y esa noche no se había asomado a la ventana, ni siquiera había encendido la luz de su cuarto. Entonces me percaté de que eso, más que molestarme, de repente suponía un alivio; otras cuestiones que tenían que ver exclusivamente conmigo habían saltado a primer plano y asediaban la realidad a dentelladas.&lt;br /&gt;El pedaleo del ciclista despojó a la plaza de quietud. El haz del faro cabeceante titubeó contra una pared cercana antes de llegar a mi altura. Me quedé inmóvil, intentando disimular mi figura en aquella esquina, deseando a toda costa esconder mi desnudez de los ojos extraños. Pensé que si no lo miraba yo, él no me vería, como un niño cuando se tapa la cara con las manos. Pero me vio. Lo supe cuando cesó el ritmo de los pedales y se dejó llevar por la bici. Tampoco entonces levanté la vista, pero sentí el calor de su mirada encendiéndome la cara. Mantuve los ojos fijos en el suelo, terco.&lt;br /&gt;Al fin, y sin una palabra, inició de nuevo el pedaleo, indeciso al principio, y enseguida resuelto y con renovadas energías. Pareció olvidarse de mí. Entonces sí, entonces lo miré por la espalda, mientras se alejaba, y de pronto el tipo se volvió y me echó un último vistazo: allí estaba yo, solo, envuelto en la luz de la farola. Me vi con sus ojos, como aquella mañana en la acequia pude verme desde todos los ángulos en los ojos de los otros chicos.&lt;br /&gt;No quería a preguntarme qué estaba haciendo realmente en aquella esquina, me aterraba la respuesta. Conseguí no hacerlo y abandoné el amparo de la bombilla, me deslicé hacia las sombras con todos los ojos del pueblo observándome tras las ventanas. Alcancé la esquina contraria después de siglos caminando sobre la acera, como en un sueño persecutorio. Luego aligeré por las calles oscuras mientras ladridos de perros lejanos ―muy lejanos― acentuaban la soledad a mi alrededor.&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/29884793-2230861024291785324?l=hanksiolitiko.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://hanksiolitiko.blogspot.com/2009/03/mas-pequenas-muertes-cotidianas.html</link><author>noreply@blogger.com (Hank)</author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_voCyRtC-_u4/ScKP58nG2rI/AAAAAAAAAUQ/mcZ8DoNJzfQ/s72-c/7651552-md.jpg' height='72' width='72'/><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>15</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-29884793.post-2523245207788418680</guid><pubDate>Mon, 02 Mar 2009 17:56:00 +0000</pubDate><atom:updated>2009-03-02T19:06:53.148+01:00</atom:updated><title>A quince días de los idus</title><description>&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_voCyRtC-_u4/Sawfuyq1C6I/AAAAAAAAAUI/Pa4UookJdhc/s1600-h/idus4.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5308652949498825634" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 200px; CURSOR: hand; HEIGHT: 146px" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_voCyRtC-_u4/Sawfuyq1C6I/AAAAAAAAAUI/Pa4UookJdhc/s200/idus4.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Camino del taller, un africano me adelanta en bicicleta, el frutero acarrea cajas del furgón aparcado en doble fila, un perro enano asoma el hocico entre las cortinas y mira a dos hip-hoperos que vocean rimas en un balcón, la maleza invade a gran altura la fachada de un edificio agrietado, el cartero recorre la calle de flor en flor husmeando al azar en los buzones, un coche muy caro avanza por la calle despacio para que lo mire el negro, el frutero, el perro, los hip-hoperos, el cartero y yo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cerca del taller, el sol me toca las cejas en una bocacalle, doblo a la derecha: Sonia o Vicky o Sandra se rasca el cogote detrás de un mostrador y le ofrece una baguet a una vieja que espera el pan y lleva una arruga origami incrustada en la falda, en una persiana mugrienta un cartón pegado con fixo dice cerrado por roina, detrás de un señor con corbata la calle huele muy fuerte a colonia for men, desde la azotea del cuartel de artillería abandonado se asoman los okupas y fuman cigarrillos entornando los ojos, más arriba una rata nocturna se cobija en las hojas profundas del ficus gigante, muy por encima las gaviotas planean el rastro de camiones de basura que migran al vertedero, y más arriba aún a lo mejor está Dios haciendo algo porque no es el séptimo día.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En el taller, los mecánicos adolescentes huelen a zapatillas cerradas, los otros sostienen pitillos encendidos en la boca y aguantan el humo en los ojos sin lágrimas, en la oficina del fondo espero la atención de una chica que me ignora, le digo hola, ¿está reparada mi moto? La chica chupetea un bic mordisqueado, busca en el ordenador y me dice para nada, y me mira luego porque no me muevo del sitio y arruga el entrecejo. Vale, ya volveré otro día, le digo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Empujo la puerta y en la calle no huele a grasa de motores ni a carburo porque hoy empieza el mes de marzo y ya falta menos para algo.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/29884793-2523245207788418680?l=hanksiolitiko.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://hanksiolitiko.blogspot.com/2009/03/quince-dias-de-los-idus.html</link><author>noreply@blogger.com (Hank)</author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_voCyRtC-_u4/Sawfuyq1C6I/AAAAAAAAAUI/Pa4UookJdhc/s72-c/idus4.jpg' height='72' width='72'/><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>21</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-29884793.post-7890926511085091410</guid><pubDate>Tue, 03 Feb 2009 19:05:00 +0000</pubDate><atom:updated>2009-02-03T20:37:24.151+01:00</atom:updated><title>Una publicación importante: El punto y la coma</title><description>&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_voCyRtC-_u4/SYiaqwAQdqI/AAAAAAAAATg/X_x3JPh-Y5g/s1600-h/untitled.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5298655020832552610" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 136px; CURSOR: hand; HEIGHT: 200px" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_voCyRtC-_u4/SYiaqwAQdqI/AAAAAAAAATg/X_x3JPh-Y5g/s200/untitled.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;strong&gt;Se trata de un periódico que llegó a los 40 números culturales, un récord en Santiago del Estero.&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;strong&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;La aparición de la revista “El punto y la coma” es, desde hace poco más de dos años, uno de los acontecimientos más relevantes en la actualidad de la cultura y la educación del norte. En Santiago del Estero, desde hacía unos veinte años que no se lograba una producción similar, cuando la municipalidad de la capital, puso fin a los “Cuadernos de cultura” que editaba bajo la dirección del poeta Ricardo Dino Taralli. Como ocurre y ocurrió casi siempre con este tipo de periodismo, tanto científico, educativo o cultural, en esto a lo que llamamos bellas artes. La revista sale quincenalmente, lo que la hace más difícil en el vértigo periodístico, a pesar de eso, su director, Ariel Horacio Sequeira y su subdirector, Juan Manuel Aragón, saben lo que quieren y, sobre todo, demostraron tener una gran experiencia como periodistas gráficos. Ambos trabajaban en otros medio periodístico. Pero antes de su experiencia periodística Sequeira ya era un reconocido locutor que se había desempeñado en varias radios de frecuencia modulada, mientras Aragón había ganado algunos premios provinciales como escritor de cuentos. Quiere decir que esta vez la tarea de intentar una revista de cultura y educación desde Santiago, no estaría solamente en manos de un grupo de hombres ligados a un pensamiento cultural, sino que la tarea estaría a cargo de dos profesionales del periodismo, lo que garantiza la ecuanimidad en la elección de temas, la absoluta imparcialidad en cuanto a los enfoques de los autores que enviaran sus colaboraciones, una diagramación impecable y, en fin, un profesionalismo que, a esta altura de las publicaciones (ya lleva 40 números), nadie discute. La tarea es fácil y difícil a la vez. Es fácil porque vivimos en una de las regiones culturalmente más ricas de la Argentina, como que es la más antigua, la más sufrida y la que guarda en el corazón de su sencilla gente el más antiguo caudal de costumbres, ritos y folklore de la Argentina. Pero a la vez, en muchas ocasiones es complicado entender situaciones políticas y sociales que se dan en la región, si no se ha nacido y criado en estos pagos. Además, no hay que olvidarse de que al lado de lo que los porteños conocen como el estereotipo del hombre del norte, sencillo, hospitalario, bonachón y algo ingenuo, también hay una importante tradición intelectual, una intensa vida universitaria y una gran asimilación de lo que entregan los medios de comunicación de todo el mundo, incluida esa formidable arma moderna que es internet. Como no podía ser de otra manera, los temas que se tratan en la revista, van desde la poesía, hasta la violencia en las escuelas, pasando por la pérdida de la palabra en las radios de frecuencia modulada, la vida y la obra de algunas poetisas o la demora en la transformación educativa luego de la sanción de la última ley nacional de educación. Entre otros. Esta vez la intentona era en serio, por la importancia de la institución que financiaba los trabajos, el Sindicato Argentino de Docentes Privados, por lo que no cabía desesperarse por tocar ciertos temas, ya que, con dejar que maduraran, solitos irían cayendo, redondos y pulidos, en sus páginas. A mitad del camino, en agosto del 2007, con importantes aportes financieros, esta vez del sindicato en el orden nacional, la revista se hizo regional, es decir que comenzó a abarcar no solamente la cultura de Santiago sino algunos aspectos relevantes de Salta y Tucumán, lugares donde también se la comenzaría a repartir. En la presentación de ese primer número interprovincial, en el Jockey Club de Santiago, confieso que lo primero que me impresionó fue el entusiasmo con que sentí hablar de esta clase de empresas culturales, a los representantes del gremio de las tres provincias y al enviado nacional del sindicato. Ese día también me enteré de que Sequeira y Aragón abandonaban el diario en el que estaban trabajando hasta ese entonces, para dedicarse de lleno a esta tarea. Esa noche, en la presentación dije que las revistas de cultura cobraban otra dimensión también el día que desaparecían, pues se convertían en una especie de objetos arqueológicos para las generaciones por venir. Recordé el grupo “La Brasa” y la revista que publicó a fines de la década del 30, en Santiago, y “Tarja”, de Jujuy que, igual que “El punto y la coma”, venían a convocar a los más grandes pensadores y artistas de la región, para entrevistarlos o pedirles que les entreguen sus trabajos periodísticos más originales. En las provincias, aún cuando muchos no conozcan Buenos Aires, casi todos sabemos al detalle en qué están los porteños, qué hacen, qué piensan, qué está de moda, quiénes son los pensadores que más dejan oír su voz, cuáles han sido dejados de lado, qué corrientes de pensamiento nacidas al otro lado del mundo han llegado al Río de la Plata y sus alrededores, quiénes son sus mentores y qué buscan. No lo sabemos por generación espontánea, sino porque la enorme industria periodística y cultural de la Capital se encarga de mostrarnos eso y mucho más. A veces los periodistas porteños se acuerdan de que las provincias también existen, entonces anuncian que cada dos números de alguna revista saldrá una nota de lo que llaman “el interior”, como si ellos vivieran en alguna parte del exterior, como si Buenos Aires fuera parte de una periferia distinta, galáctica o, pensando mal, superior al resto. Y pretenden abarcar en un solo suplemento toda la cultura de una provincia en el acotado espacio de 18, 20 o 50 páginas, como si con una mirada periodística de unos cuantos días de un enviado especial, instalado en un hotel del centro de una capital, más un fotógrafo y un buen catalogo de los nombres más representativos, bastara para mostrar todo lo que ha proveído, está dando y tiene para entregar una provincia. De esta manera se han cometido graves errores en publicaciones supuestamente serias y conocidísimas de la capital, en trabajos apresurados, plagados de clichés aptos solamente para el consumo de la gente de Buenos Aires, con ausencias más que notorias y desconocimientos mayúsculos de las costumbres y usos de la gente de cada una de las provincias. Uno de los motivos de la aparición de “El punto y la coma”, según comentaron sus directivos, era terminar con el complejo de que solamente los porteños tienen la capacidad de vernos como somos. Y mostrarnos al mundo de otra manera, con nuestros propios códigos, que comienzan con nuestra suave pronunciación de las erres, pasan por nuestras comidas regionales y llegan hasta una concepción filosófica de esta parte de la Argentina, tal como lo mostró el pensador Gaspar Risco Fernández, en una entrevista que se publicó en la revista. Es decir que, como todas las regiones de la Argentina, tenemos lo nuestro para decir, para contar, para mostrar, más allá de toda la folklorería que –por comodidad o pereza intelectual- muchas veces se nos atribuye. Con un poco de ayuda lo estamos haciendo. La revista “El punto y la coma” es el producto maduro de dos hombres de prensa santiagueños, apoyados por reconocidos intelectuales santiagueños como Alberto Tasso, Carlos Zurita, Jorge Rosenberg, Liliana Herrera, Antonio Cruz, Julio Carreras, Juan Edgardo Paz y otros muchos que colaboran con ellos, no solamente con notas y entrevistas sino abriéndoles las puertas del resto de las provincias del norte, brindándoles datos y direcciones de amigos que consiguieron en el largo camino por conocer y mostrar el norte de la Argentina. Así, esta revista ha entrevistado o ha publicado notas de músicos, teatristas, poetas, pintores, escultores, actores, relevantes o desconocidos de la región y de Chaco, Neuquén, San Luis y otras provincias, incluida Buenos Aires y la Capital Federal. Su espíritu no es hacer que una idea prevalezca sobre otra, como podría ser una publicación comprometida con algún pensamiento de la época, sino mostrar todas las tendencias, todas las modas, todas las filosofías, todas las maneras de ver la vida que tiene una de las regiones con más historia vivida de la Argentina, una de las más postergadas, una de las más sufridas. Se ha dado el caso de que un entrevistado, queriéndolo o no, sabiéndolo o no, contradice lo que expresó otro, que una nota se opone a la concepción de otra, pero así es la vida también aquí, a veces entendible, a veces contradictoria. Debo destacar la importancia de que un gremio nacional se ocupe de financiar una revista de estas características, que lo haga sin pedir nada a cambio y que exprese su generosidad de una manera tan abierta a toda la gama de pensamientos que se presentan en la sociedad, aunque no coincidan con los suyos. En los tiempos que corren, no es frecuente que un particular tenga este rasgo de generosidad con la sociedad, entregándole gratis una revista de la calidad de “El punto y la coma”. Algunos piensan que la vida es un dejarse estar, no es el caso de los directivos de la revista que, este año, a despecho de la crisis internacional en ciernes, apuestan a abrir la publicación hacia otros rumbos. Luego de arduas conversaciones, se debatió acerca de la necesidad de integrar una provincia más a sus páginas. En las discusiones se puso en la balanza si era más conveniente Jujuy o Catamarca. Ganó la postura que sostenía a Catamarca como más factible para que tenga presencia permanente, más que nada por la proximidad geográfica con Santiago. Los últimos días de diciembre, Aragón estuvo allí, tomando contacto, entre otros, con el reconocido historiador Armando Raúl Bazán y con la prestigiosa escritora Hilda Angélica García, quienes prometieron su colaboración para el emprendimiento. De todas maneras, no dudo de que en cualquiera de los viajes de Aragón a Salta, ha de darse una vuelta por Jujuy, más que nada para ir preparando el camino para lo que podría ser, ahora sí, la gran revista que el norte argentino está esperando.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;em&gt;El artículo es de ALFONSO NASSIF&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/29884793-7890926511085091410?l=hanksiolitiko.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://hanksiolitiko.blogspot.com/2009/02/una-publicacion-importante-el-punto-y.html</link><author>noreply@blogger.com (Hank)</author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_voCyRtC-_u4/SYiaqwAQdqI/AAAAAAAAATg/X_x3JPh-Y5g/s72-c/untitled.jpg' height='72' width='72'/><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>5</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-29884793.post-9214053096665539683</guid><pubDate>Tue, 13 Jan 2009 18:49:00 +0000</pubDate><atom:updated>2009-01-13T19:58:45.053+01:00</atom:updated><title>La intimidad de las ventanas</title><description>&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_voCyRtC-_u4/SWzkSNGyHAI/AAAAAAAAAS4/FKBe-xCTu40/s1600-h/En_la_ventana.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5290854663660379138" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 150px; CURSOR: hand; HEIGHT: 200px" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_voCyRtC-_u4/SWzkSNGyHAI/AAAAAAAAAS4/FKBe-xCTu40/s200/En_la_ventana.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; &lt;span style="font-size:85%;"&gt;(Tabla de salvación de todos los naufragios)&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Una ráfaga se cuela bajo la falda. Siente el roce en el tobillo, levanta la vista del libro y busca el accidente, distraída. Parpadea, la sorprende la luz creciente de la mañana. Es una hoja de olivo. Se despereza. Aspira la palidez aventada de la calle, regusto a plumón de pájaro reciente se le dispersa en la saliva. Imagina los campos y el sol que salpica de cuchillos los forrajes agitados por el viento. Huele a roca enjabonada en lavanda, bruñida por la lluvia y tendida a secar.&lt;br /&gt;La incomoda un estremecimiento inoportuno de cosas por hacer, pendientes, tareas silenciadas que pugnan por la prioridad aprovechando su confusión de mujer recién arrancada de la lectura. Se aproxima al balcón y le cierra el paso al viento dando un empujón decidido, casi irritado, a la ventana entreabierta. Se detiene, a la espera, tras las defensas transparentes.&lt;br /&gt;A pesar del sol, una tajada de luna no acaba de descender sobre las terrazas blancas. La observa y mientras se miran sus espíritus lunares la mujer toma conciencia de su posición y decide ponerse a pensar. ¿En qué?&lt;br /&gt;Se mantiene quieta, intuyendo un desconcierto cercano, con pretensiones de agarrarlo con la razón y pedirle explicaciones o, acaso, rendirle cuentas, depende. La inquietud resuena bajo su ombligo con breves retortijones, como un bullicio de incógnitas sin resolver, sin respuestas, y busca una reconciliación acechando los gestos de otras personas más allá de los cristales, indagando significados en sus actos mientras respiran el aire limpio bajo el sol.&lt;br /&gt;Al amparo del porche, en la casa de enfrente, un gato de pelo electrificado la observa con indiferencia. Tendido a los pies del vecino que lee, ignora las bandadas de grajos sobre los tejados. La mirada felina le asciende por la espalda como un lengüetazo, le eriza la nuca. ¡Bastardo!, murmura.&lt;br /&gt;Abajo, en el jardín, un hombre doblado sobre la barriga arranca hierbas jóvenes bajo los cipreses. Es su marido, un ser en el que confía. La mujer entretiene la mirada en las humedades de sus axilas, frías: la desgana férrea de la existencia le trae regustos de un odio incomprensible que intenta contener sujetando un mechón rebelde detrás de la oreja, un último esfuerzo, un gesto por concretarse y evitar la dispersión de una inquietud que ya le va siendo familiar. Trepan hasta el balcón las voces lejanas de niños ocultos, quizás los suyos. Se le suelta entonces una sonrisa amable y entorna los ojos como si la respuesta revoloteara de repente delante del fulgor azulado de sus ojos y la tuviera ya en la punta de la lengua, casi pronunciable.&lt;br /&gt;Se deja rodar por el camino menos ingrato: es amor, es un cariño grande y extenso que la derrama, tenaz como un mar con sus olas inagotables y sus corrientes como caminos de vida. Es su propia existencia que se diluye sobre la vasta superficie rizada, destellando en las escamas de peces voladores. ¿Por qué esta inmensidad que la rebosa no apacigua entonces los aullidos temibles del viento? ¿Por qué el vértigo de estos torbellinos? ¿Por qué esta náusea súbita por los sudores de su marido?&lt;br /&gt;Él la sorprende sostenida en sí misma, transparente. Su cara perpleja, la observa desde abajo, contra el cristal, quizás el cielo reflejado en la humedad de sus ojos. El hombre sonríe y atraviesa el jardín en dirección a la casa.&lt;br /&gt;El gato ovillado dormita ahora, ignorando los remolinos del viento. Un silencio quieto mantiene el tiempo en suspenso, atento, detenido a su alrededor mientras las cosas se deslizan al margen, como si hubiera sido extraída y encapsulada. Contenida y ajena, le sobresaltan las pisadas mullidas y deportivas de su hombre. Siente el decidido abrazo de sus manos en la cintura, aplastándole los glúteos contra su pelvis. El blanco de la dentadura le marca el cuello, no muy fuerte, pero tampoco flojo. El olor verde de la hierba arrancada se escapa de entre sus dedos vientre arriba.&lt;br /&gt;Tremendo consuelo olvidarse en otro. Perezosa, se deja abrumar por la comodidad de una vida a medias. Irresponsable, se abandona a su abrazo con alivios de niña, con un querer al borde de los labios: hazme ahora, créame. Pero la mujer se intuye, a pesar de no saberse consciente y concreta.&lt;br /&gt;Se siente desmenuzada, es cierto, pero se siente, y el sabor conocido de la mezcla de sus salivas entorpece los intentos creativos del hombre, ajeno a esa labor hacedora que ella le confía. La atrae contra su pecho, pero ella aparta los labios, esquiva. La persigue con dulzura y ansiedad. De nuevo escapa. Le busca los ojos por adivinar lo que su boca encierra, y lo confunde su dureza azul, su rechazo inapelable.&lt;br /&gt;Descubierta y vulnerable, se agarra aterrada a su cuello con gestos vacíos, lo retiene obligada, y en el desconcierto le susurra a la nuca: tengo tanto por hacer... Esta infame confesión se desliza como un bálsamo por los miembros crispados del hombre ―al menos, no es culpa suya―, cera caliente agradecida, y la abraza. Ella aprovecha la tregua para zafarse y arañar la perplejidad de su odio contra el gotelé de las paredes, evitando herirlo a toda costa.&lt;br /&gt;Sin volver la vista sale de la habitación: tengo que pelar las patatas, le dice con un hilo de voz, irrevocable.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/29884793-9214053096665539683?l=hanksiolitiko.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://hanksiolitiko.blogspot.com/2009/01/la-intimidad-de-las-ventanas.html</link><author>noreply@blogger.com (Hank)</author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_voCyRtC-_u4/SWzkSNGyHAI/AAAAAAAAAS4/FKBe-xCTu40/s72-c/En_la_ventana.jpg' height='72' width='72'/><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>20</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-29884793.post-2048323254305545913</guid><pubDate>Sun, 04 Jan 2009 19:47:00 +0000</pubDate><atom:updated>2009-01-04T20:51:00.630+01:00</atom:updated><title>La otra vida</title><description>&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_voCyRtC-_u4/SWESm8sundI/AAAAAAAAASo/aX7H32x968A/s1600-h/La+otra+vida.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5287527897847733714" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 200px; CURSOR: hand; HEIGHT: 134px" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_voCyRtC-_u4/SWESm8sundI/AAAAAAAAASo/aX7H32x968A/s200/La+otra+vida.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;La hélice del aeroplano se eleva despacio en la bóveda de la mañana, el rumor se acerca y se aleja en vaivenes de aire hasta que lo engulle el silencio de una esquina del cielo, muy alto a la derecha. Dos moscas, o más, zumban en los planos de sol que atraviesan la ventana y calientan el polvo suspendido en la quietud. Un vidrio estalla quedo, limpio, una raja atraviesa instantánea el cristal, la luz fractura uno de los cuadrados transparentes en dos triángulos de claridad; puedo ver el percance por el rabillo del ojo: el cristal desgajado de esquina a esquina no se ha desprendido de su marco. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;br /&gt;Una mosca me tantea los orificios de la nariz, salta, dibuja una zeta veloz, aterriza en la boca y sobresalta a otra que anda palpando las grietas de mis labios. Otra más se une a la recién espantada en una espiral persecutoria y ambas, o tal vez más, se detienen cráneo adentro, donde alguna vez tuve pelo, cuando los días corrían fugaces en el vigor de la juventud.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Unos pasos se acercan arrastrando un par de zapatillas con frufrú de medias de nailon a la altura de los muslos, se detienen muy cerca y me desplazan hacia la izquierda, a un lugar más oscuro, de sombra, para que el sol deje de morderme la piel. Manos regordetas ahuyentan las moscas de la cara, me cierran la boca, colocan un pañuelo estirado que me cubre la cabeza, abren la ventana: puedo oír el chirrido delgado de un gozne. La brisa que entra de pronto me acerca la vibración del cristal astillado. Un momento antes de que el siseo de muslos se aleje y regrese por donde ha venido estalla un estornudo. Cuando las pisadas, distantes ya, se han fundido con el silencio remoto de la estancia me rodea un fuerte olor a saliva.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y vuelve la quietud de fondo otra vez, ahondada por un murmullo de hojas agitadas que sube hasta la ventana. Restos de graznidos atraviesan la uralita y me llegan apagados desde el confín del horizonte, en el límite del firmamento, donde una bandada de grajos cruzará la luz abierta como una nube de hormigas. El zumbido de las moscas se va incorporando por caminos zigzagueantes al paisaje sonoro. Se dejan caer sobre el pañuelo y lo recorren con sus patitas de aquí para allá, buscándome. El sonido de cremallera exigua de sus carreras sobre la tela me apacigua el ánimo. El olor del estornudo se hace familiar en el recuerdo y, un momento después de que una sombra con patas atraviese la planicie traslúcida del pañuelo que me cubre los ojos, sé que voy a quedarme dormido de nuevo.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/29884793-2048323254305545913?l=hanksiolitiko.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://hanksiolitiko.blogspot.com/2009/01/la-otra-vida.html</link><author>noreply@blogger.com (Hank)</author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_voCyRtC-_u4/SWESm8sundI/AAAAAAAAASo/aX7H32x968A/s72-c/La+otra+vida.jpg' height='72' width='72'/><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>13</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-29884793.post-4710460996599928822</guid><pubDate>Tue, 16 Dec 2008 12:39:00 +0000</pubDate><atom:updated>2009-01-04T20:45:47.570+01:00</atom:updated><title>Metamorfosis</title><description>&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_voCyRtC-_u4/SWER1NHPx0I/AAAAAAAAASY/_0dtkjl0W28/s1600-h/A.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5287527043260467010" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 198px; CURSOR: hand; HEIGHT: 200px" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_voCyRtC-_u4/SWER1NHPx0I/AAAAAAAAASY/_0dtkjl0W28/s200/A.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-family:verdana;font-size:85%;"&gt;&lt;em&gt;Homenaje a los brillantes cultivadores de lo pequeño y de las buenas prácticas blogueras.&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Lo primero que oí al otro lado del teléfono fue mi nombre. Sonó anhelante en la voz de Marian, casi una súplica. Ojalá hubiera preguntado &lt;em&gt;quién es&lt;/em&gt;, o cualquier otra cosa, pero cuando pronunció mi nombre una sacudida agarrotó mis músculos, una onda opresora que me rodeó y me paralizó. Al otro lado del cable mi mujer insistía en preguntar si era yo, si me encontraba bien, cuándo iba a volver, pero yo estaba más tieso que un muerto. El teléfono se me escapó de las manos. Guardé su número en el bolsillo y salí de la cabina sin decir nada. El auricular, a dos palmos del suelo, quedó atrás balanceándose en el extremo del hilo.&lt;br /&gt;Intenté identificarme con mi nombre repitiéndolo en voz baja calle arriba hasta que perdió completamente su significado.&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/29884793-4710460996599928822?l=hanksiolitiko.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://hanksiolitiko.blogspot.com/2008/12/metamorfosis.html</link><author>noreply@blogger.com (Hank)</author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_voCyRtC-_u4/SWER1NHPx0I/AAAAAAAAASY/_0dtkjl0W28/s72-c/A.jpg' height='72' width='72'/><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>27</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-29884793.post-1304837171024147187</guid><pubDate>Mon, 08 Dec 2008 23:08:00 +0000</pubDate><atom:updated>2008-12-10T15:09:37.397+01:00</atom:updated><title>Juegos de manos</title><description>&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_voCyRtC-_u4/ST2p0kUZpDI/AAAAAAAAAR4/O6OcicVdbuQ/s1600-h/dualidad.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5277561058915623986" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 222px; CURSOR: hand; HEIGHT: 320px" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_voCyRtC-_u4/ST2p0kUZpDI/AAAAAAAAAR4/O6OcicVdbuQ/s320/dualidad.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Dejé de besarla y nos quedamos un rato en silencio. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;La sombra de la Torre del Oro se había deslizado veloz sobre el pavimento desde que nos sentamos en el banco. Un remolcador cargado con desechos de escombrera pasó río abajo y de repente me entró la urgencia, como temiendo que un mal aire lo precipitara todo en la dirección errónea y decidí contárselo sin más preámbulos. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;br /&gt;Aunque no había estado antes con ella ―nunca en persona, porque por la webcam hacía meses que nos veíamos―, no tenía la menor duda al respecto; aún con los labios entumecidos por los besos, el reconocimiento de su lengua había transformado en certezas todas mis sospechas: era mi complemento básico, mi otro yo, la parte sólida que perdí cuando nos capturaron. Debía arriesgarme y contárselo a pesar de que su procedimiento de borrado había sido a todas luces un éxito. Era evidente que después de insertarla en el código genético anfitrión el sistema le había rastreado hasta el último rincón de la memoria y le había ofrecido una vida nueva, sin recuerdos. Conmigo, sin embargo, algo falló.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Durante mi primera replicación asíncrona en las cadenas de ADN debió producirse una interferencia que dañó la lanzadera de las rutinas de borrado y, aunque nací sin memoria como cualquier bebé, conforme fui madurando despertaron los recuerdos de mis vidas pasadas y pude deducir mi verdadera situación. Ahora yo sabía, aquellos besos eran míos, inconfundibles después de tanto tiempo: cansados de morir en otros labios se fundían en mi boca y parecía no darse cuenta, la tonta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dada nuestra afinidad, en el chat le había insinuado mis sospechas sobre nuestro posible origen común, pero el tema no parecía interesarle mucho y siempre encaminaba mi atención hacia asuntos más terrenales. Yo me dejaba porque, en el fondo, también me gustaban más, pero ahora, zumbándome en los labios la certeza de que ella era yo, o más exactamente, la mitad básica de mí, no podía dejar de contárselo todo. Con tacto, sí, pero sin vacilaciones, puesto que aquel encuentro era una cita adúltera y al anochecer debía estar de vuelta en su casa, con su hijo y su marido. Algo del todo inasumible para mí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los trinitarios del cúmulo planetario Threeairs son seres de alta densidad compuestos por tres individualidades complementarias. La perspectiva tripartita de la realidad a lo largo de eones les ha permitido una comprensión profunda de los universos. Esta circunstancia los ha disparado a años luz de otros mundos con inteligencias unitarias y, por fuerza, torpes. Incluso, y puesto que la regeneración celular les permite alargar su vida hasta el hartazgo, han conquistado la diversidad con el dominio de la técnica y consiguen renacer en otro planeta de Threeairs bajo circunstancias completamente aleatorias, con la herencia oculta, pero no eliminada. Esto les permite vivir otra vez como niños y saborear la novedad de un mundo desconocido. Después, conforme los años van pasando, los recuerdos van emergiendo, y a la ventaja de ser una trinidad se une la experiencia acumulada de varias vidas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi último renacimiento sucedió en un planeta del extrarradio. Allí oí hablar por primera vez a individuos marginales de los potentes placeres físicos que conseguían separando sus entidades: alteraban su estado natural y adquirían conciencia de cada una de sus partes sin las demás hasta lograr disociar completamente sus tres yoes. El mayor escollo era rebajar la densidad, y para conseguirlo circulaban sustancias clandestinas que aumentaban el volumen corporal; la masa se dilataba y la densidad disminuía. Con entrenamiento y empeño se podían separar los yoes y sentirlos físicamente fuera de la unidad, rozarlos entre ellos, tocarlos, besarlos, fusionarlos lentamente..., una locura para los sentidos. Pero lo que verdaderamente hacía perder la cabeza era compartir espacio con otro tripartito y mezclar tus yoes con los suyos, la peor mirada de todas las perversiones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con el abuso, mis dos entidades básicas comenzaron a desear mayor independencia con anhelos de reafirmar su individualidad, queriendo ser por sí mismas y solas. Fue entonces cuando comencé a tener dificultades para las fusiones, que cada vez eran menos perfectas. A esas alturas ya no podía dejarlo, la tentación era más fuerte que mis tres voluntades juntas. La entidad emulsionante, mi yo más débil, se resentía demasiado y no conseguía rellenar las grietas que se abrían entre las dos básicas. Ya no pegaba bien, y mi trinidad se resquebrajaba. Con la pérdida paulatina de la densidad mi aspecto se hizo descomunal y por ahí íbamos los tres, amontonados.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al final, mi estado derivó en una esquizofrenia fácilmente detectable, y una comisión para la salud civil dictaminó la desconexión definitiva de nuestros yoes y el envío de mis dos identidades básicas por emisiones asíncronas separadas a un mundo de inteligencias unitarias mediante la replicación de nuestro código genético en óvulos fertilizados en destino. La identidad débil emulsionante no era susceptible de cuidado: separada definitivamente de las dos básicas iba perdiendo entidad hasta disolverse en la nada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La probabilidad de que se reconocieran dos entidades complementarias en otro mundo era de risa. Sobre todo porque el proceso de borrado anulaba para siempre los recuerdos, y el reconocimiento de tu media naranja se hacía tan azaroso como diferenciar un grano de otro en la arena del desierto. No obstante, había sucedido. Yo recordaba sus caricias y las correrías de su lengua. Nosotros éramos la prueba viviente de que una de entre mil millones de veces, sucede. Un alambre candente había marcado nuestros labios con el mismo sello, ahora inconfundible.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por el contrario, a ella no le sonaba nada de lo que le conté. Fue una esperanza ingenua que se había ido apagando conforme mi explicación avanzaba. Mientras le contaba todo el asunto bostezó en varias ocasiones –excusándose cada vez–, y otras tantas había intentado llevarme de nuevo a los placeres de su boca, consiguiéndolo unas cuantas. Cuando acabé mi narración me dijo, sin dejar de besarme, que era una alegoría preciosa –así la llamó, alegoría–, que comprendía mi intención, y que eso era lo que más le gustaba de mí: mi manera asombrosa de expresarme y lo sorprendente que resultaba mirar el mundo con mis ojos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Apenas asomó la perplejidad a mi cara porque enseguida me puse muy triste; una fila cada vez más presurosa de minutos la empujaba hacia su casa, con su marido, y ella se mantenía aferrada a su ignorancia, inamovible como el ancla de un petrolero. Comprendí que no le era posible asimilar la suerte de haberme encontrado. Así de simple; todas esas patrañas humanas de que es más emocionante el camino que la meta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ella era yo pero, para mi desesperación, me hablaba como si yo fuera otro. Entonces se me ocurrió ofrecerle una demostración de lo que le había contado, algo que sembrara alguna duda en su conciencia. Con la información que recordaba de Threeairs y mucho tesón había conseguido disminuir localmente la densidad ya de por sí escasa de mi actual cuerpo unitario, de manera que podía asimilar elementos poco pesados dentro de mí, así que cogí una ramita del suelo y me la puse en la palma de la mano. La cerré delante de sus ojos y apreté con fuerza. Cuando la abrí la rama había desaparecido. Ella se quedó alucinada, y me pidió que le desvelara el truco.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Le expliqué lo de la densidad, pero ella insistió con lo del truco. Incluso me retó a que lo intentara con un cigarro. Sacó un mentolado de la cajetilla y lo dejó caer en mi mano con mucho cuidado. El tabaco me sentaba fatal, pero lo hice. Con los ojos como platos, volvió a insistir en que le dijera cuál era la treta. Hasta pretendió que sacara de su escondite la ramita y el cigarro. Se resignó de mala gana ante mis explicaciones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No había manera. Me quedé mirando al río. El tráfico se desplazaba como un gusano gigante por la otra orilla. Una bañera vacía, enorme, quizás el mismo remolcador que bajó antes, avanzaba ahora con esfuerzo corriente arriba. La sombra de la torre se había dejado caer a las aguas. Nos quedamos en silencio. Ella no sabía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me vio tan abatido que propuso, inesperadamente resuelta, que nos fuéramos a follar a un hotel el resto de la tarde, hasta que se hiciera la hora de acompañarla a su casa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–O mejor ya volveré sola, paseando, para llegar apaciguada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¿Comemos algo antes? –le pregunté.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–No hace falta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nos encaminamos en busca de un hotel. Al pasar junto a una papelera me deshice con disimulo de la ramita y del cigarro.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/29884793-1304837171024147187?l=hanksiolitiko.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://hanksiolitiko.blogspot.com/2008/12/juegos-de-manos.html</link><author>noreply@blogger.com (Hank)</author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_voCyRtC-_u4/ST2p0kUZpDI/AAAAAAAAAR4/O6OcicVdbuQ/s72-c/dualidad.jpg' height='72' width='72'/><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>14</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-29884793.post-1082347564684571614</guid><pubDate>Mon, 10 Nov 2008 20:21:00 +0000</pubDate><atom:updated>2009-02-12T12:05:44.390+01:00</atom:updated><title>Voy a perder la cabeza por tu amor</title><description>&lt;em&gt;(Una fábula evolutiva)&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo saco para un certamen, perdonad que deje vuestros comentarios en el aire por unos días. Lo repondré pronto.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/29884793-1082347564684571614?l=hanksiolitiko.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://hanksiolitiko.blogspot.com/2008/11/voy-perder-la-cabeza-por-tu-amor.html</link><author>noreply@blogger.com (Hank)</author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>31</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-29884793.post-1333365516459212694</guid><pubDate>Wed, 22 Oct 2008 19:30:00 +0000</pubDate><atom:updated>2008-10-23T18:00:44.107+02:00</atom:updated><title>El último viaje</title><description>&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_voCyRtC-_u4/SP9_xgrE8xI/AAAAAAAAAP0/7vhqWuse9LU/s1600-h/connemara-landscape.jpg"&gt;&lt;img style="float:left; margin:0 10px 10px 0;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://4.bp.blogspot.com/_voCyRtC-_u4/SP9_xgrE8xI/AAAAAAAAAP0/7vhqWuse9LU/s320/connemara-landscape.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5260063378352960274" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Irlanda, igual que los nidos de gorriones huérfanos que me traía mi padre en las podas de limoneros, fue una sorpresa. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aquellos pájaros de mi infancia necesitados de alimento sucedieron en una época en la que cuando uno se ponía malito de fiebres la certidumbre del amparo envolvía al mundo bajo las sábanas, y siempre estaba mamá con sus canciones tendiendo la ropa, y el practicante calvo con inyecciones de hígado y su dedo torcido que parecía malísimo si te fijabas bien, y la abuela con los caldos de pata de pollo y los pescozones a destiempo para mantener mis reflejos siempre alerta, decía ella. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Irlanda fue una sorpresa de gorriones, pero le faltó esa seguridad sin fisuras que tienen los niños con padres y abuelas para mirar el mundo. Ni éramos niños ni había padres para creer que lo fuéramos. Al contrario, yo era el padre, y los niños eran mis hijos, y yo no sabía qué sorpresa traerles alguno de aquellos días para su felicidad. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Probé, lo juro, con unos mejillones fresquísimos arrancados a las rocas en la marea baja, divinamente programada para las diez todas las mañanas. Será porque no eran desvalidos animales con pico y plumas para cuidar sino conchas cerradas y duras como peñones, pero el caso es que no despertaron mucho interés. Cuando se veía, lo de dentro estaba muerto, a qué negarlo, aunque al abrirse con obligada lujuria en los fogones se descubría un anaranjado mar salteado con sabor a profundo océano que cuando yo lo regaba con limón era, de un sorbo, bicho exquisito. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ni los probaron. En mi torpeza paterna zozobró su seguridad y se alejó, mar adentro, &lt;em&gt;muy mucho &lt;/em&gt;de aquella protección que a mí me pasaba con los gorriones y la fiebre. Incluso me esforcé con algún otro detalle, como cuando la noche siguiente le regalé a mi hija una hortensia crepuscular. Ah, qué boniiiiita, dijo. Al amanecer asomé el hocico a la cocina y encontré una lluvia de pétalos marchitos desparramados alrededor de un vaso sin agua que sujetaba el tallo calvo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aun así, esa misma mañana les volví a ofrecer no una sino dos flores exóticas –otra para su madre, que me miraba envidiosa– de las que no conozco el nombre, flores delicadas con blancos fruncidos –casi comestibles–, en una de las cuales ―la de mi mujer― se escondía una tijereta que asomó las antenas y la miró de hito en hito. Ella, aparentemente nerviosa, asustó con su grito a unas borregas que pastaban cerca y lanzó la flor al aire. El bicho voló al azar del viento irlandés hasta conseguir aterrizar en su flequillo y entonces... Bah, para qué contar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Quise quitarle importancia a estos pequeños infortunios ―no la tenían― y entonces: praderas cruzadas por muros de piedra, vacas rumiando los pilares de la tierra, lagunas negras de hierro en suspensión, coches con volante inverso a cien por hora circulando por la izquierda, valles, montañas y &lt;em&gt;enorme sinnúmero &lt;/em&gt;de hi-please-sorry-bye. Decidí regalarles los mejores rincones de la costa oeste que ellos se empeñaron, jóvenes y rebeldes ―sin causa real― en que no eran tales y entonces: discusiones y tú no te enteras papá. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Finalmente, empecinados en su estúpido juego rebelde y ninguneando todas mis iniciativas, me dejé llevar por ellos, un fardo, a repelentes parajes irlandeses que se divisaban hermosos desde los picos de montañas accesibles por un sendero de cuatrocientos  metros de desnivel. Los esperé en el coche, en compañía de cervezas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No me lo perdonaron. Entonces no lo hicieron, no, durante un rato. Ahora ya sí, al fin, y somos muy amigos de vuelta a la península, y ya planeamos nuestro próximo viaje lleno de expectativas por unos días a un mundo mucho más feliz que éste de ahora de colegios y trabajos. También vamos a necesitar chubasqueros, y quizás un arma de fuego con licencia. La cosa promete.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero nada comparado con la fiebre, las coplas que tarareaba mi madre a trompicones con las pinzas metidas en la boca ―para que le cundiera más― tendiendo la ropa bajo la emparrada, y con aquellos pescozones al aire de mi abuela que me mantenían siempre despierto y un poco mosca.&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/29884793-1333365516459212694?l=hanksiolitiko.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://hanksiolitiko.blogspot.com/2008/10/el-ltimo-viaje.html</link><author>noreply@blogger.com (Hank)</author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_voCyRtC-_u4/SP9_xgrE8xI/AAAAAAAAAP0/7vhqWuse9LU/s72-c/connemara-landscape.jpg' height='72' width='72'/><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>18</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-29884793.post-4453018736326385986</guid><pubDate>Sun, 05 Oct 2008 15:51:00 +0000</pubDate><atom:updated>2008-10-05T17:57:21.786+02:00</atom:updated><title>Copias y réplicas</title><description>&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_voCyRtC-_u4/SOjjfhIz73I/AAAAAAAAAME/ir5bjhihuqo/s1600-h/untitled.JPG"&gt;&lt;img style="float:left; margin:0 10px 10px 0;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://4.bp.blogspot.com/_voCyRtC-_u4/SOjjfhIz73I/AAAAAAAAAME/ir5bjhihuqo/s320/untitled.JPG" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5253699095938461554" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;No llueve y todo el software es incapaz de superar su autenticidad por enésima vez, como todo a fin de cuentas, pienso, y luego pienso que los juegos de palabras son recursos de mierda. &lt;br /&gt;No llueve, el calor resbala por las hojas de las tipuanas y se acumula en los adoquines, un perro marca su territorio en la misma farola que lo han hecho otros cien y se queda mirando al sol con el hocico chispeante de luz, como una gelatina negra, y las patas llenas de ladrillos calientes. Una mujer con vaqueros se apura con un carrito de bebé que no es suyo y atraviesa el paso cebra sin miramientos, se pierde con otras chachas en las colas de los supermercados, y otra mujer, negra, se escama la caspa a la sombra de un muro que espera en vano los primeros líquenes del otoño. Bosteza la negra y entona un canto a capela de los que ponen en los documentales, étnico y precioso sube hasta mi ventana a pesar de los gañidos de las motos de pequeña cilindrada, sube a ráfagas y me siento otro que no soy yo sin saber qué puede significar tal cosa y pienso: Un niño de mamá muerta aprende a escribir en el colegio, &lt;i&gt;mi mamá me mima... &lt;/i&gt;, y desde que empezó con la eme las hojas mojadas no le gustan a la seño que ya no sabe qué hacer con tantísimo desconsuelo inútil.&lt;br /&gt;Dos hombres se ceden el paso sin decisión porque el calor que carece de identidad los rodea y se les instala en el velo del paladar y en los brazos cansinos y desganados a ratos, hasta que llega el ejecutivo de pantalón pitillo y con la tirana cortesía de su maletín los obliga faltaría-más-no-por-dios-ustedes-primero a pasar delante, sostiene la puerta triunfal, como no, nacido para trepar, infalible.&lt;br /&gt;No llueve, los cristales reflejan el polvo de la calle con sabor a escombrera y al aburrimiento de las cosas quietas. La canción étnica se fue con la negra a rascarse los pelos a otro muro de esta ciudad llena de aceras y asfalto de tiempo inmutable. Ni una gota cae.&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/29884793-4453018736326385986?l=hanksiolitiko.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://hanksiolitiko.blogspot.com/2008/10/copias-y-rplicas.html</link><author>noreply@blogger.com (Hank)</author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_voCyRtC-_u4/SOjjfhIz73I/AAAAAAAAAME/ir5bjhihuqo/s72-c/untitled.JPG' height='72' width='72'/><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>21</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-29884793.post-3416617543131399179</guid><pubDate>Sun, 21 Sep 2008 10:07:00 +0000</pubDate><atom:updated>2008-09-21T12:08:11.846+02:00</atom:updated><title>Para mi amigo y admirado escritor Juanjo Mora, con cariño.</title><description>&lt;object width="425" height="344"&gt;&lt;param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/90u1IV4dw8o&amp;hl=en&amp;fs=1"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowFullScreen" value="true"&gt;&lt;/param&gt;&lt;embed src="http://www.youtube.com/v/90u1IV4dw8o&amp;hl=en&amp;fs=1" type="application/x-shockwave-flash" allowfullscreen="true" width="425" height="344"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/29884793-3416617543131399179?l=hanksiolitiko.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://hanksiolitiko.blogspot.com/2008/09/para-mi-amigo-y-admirado-escritor.html</link><author>noreply@blogger.com (Hank)</author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>7</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-29884793.post-6820067649450123725</guid><pubDate>Fri, 19 Sep 2008 11:46:00 +0000</pubDate><atom:updated>2008-09-19T19:57:35.824+02:00</atom:updated><title>La verdad de las cosas</title><description>&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_voCyRtC-_u4/SNORJxA-gXI/AAAAAAAAALU/Ok59QTaJbgA/s1600-h/city.jpg"&gt;&lt;img style="float:left; margin:0 10px 10px 0;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://3.bp.blogspot.com/_voCyRtC-_u4/SNORJxA-gXI/AAAAAAAAALU/Ok59QTaJbgA/s320/city.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5247697587779043698" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;He dejado el libro, &lt;i&gt;City&lt;/i&gt;, de Alessandro Baricco, estrellado contra el asiento de piedra, abierto por la página en la que iba leyendo. Cuando lo retome más tarde tendré que sacudir de sus tapas algunas briznas y pequeñas semillas que caen del árbol y me salpican la lectura toda la mañana. También hay un gato que juega con una hebra de lana en la hierba, entre las manchas de sol que se mueven agitadas por la brisa, y que luego se ha ido a cazar unos gorriones más allá de la piscina, que se han burlado de él con plumas y sus revuelos, fuera de su alcance. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ahora leo &lt;i&gt;Doctor Pasavento&lt;/i&gt;, de Vila-Matas, en el porche, en el lado opuesto de la casa. Grandes hojas de palmera washingtonia se balancean sobre mi cabeza y suenan como cartones vivos que arañan la pared. Más allá, entre el follaje del ficus, denso, un par de verderones tontean con sus picos y se persiguen entre las ramas. He descubierto esta forma de leer sin percatarme, por puro azar. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hasta ahora, si me agotaba un lugar después de un rato, o una conversación inoportuna me interrumpía, o el ataque de un mosquito conseguía ponerme nervioso, me llevaba el libro a otro sitio y en paz. Pero anteayer, sin pensarlo, dejé el tomo abierto en uve sobre la mesa del jardín ―&lt;i&gt;Mantra&lt;/i&gt;, de Rodrigo Fresan― y crucé la casa en dirección a la piscina. Jugueteé con el gato y me dejé caer en la tumbona. El cielo de otoño incipiente había limpiado de polvo el aire y la claridad recortaba los perfiles de las cosas con el cuidado de una caricia. En efecto, parecían los seres vivos contentos de estarlo, y los inanimados felices en su quietud, y se me ocurrió que su alegría de luz me salpicaba. Satisfecho, recogí el libro abierto contra la banca de piedra, &lt;i&gt;City&lt;/i&gt;, y proseguí con él. No me lo esperaba y me sorprendió retomar una historia diferente a la que había abandonado momentos antes: &lt;i&gt;Mantra&lt;/i&gt; y &lt;i&gt;City&lt;/i&gt; no tienen, &lt;i&gt;aparentemente&lt;/i&gt;, nada que ver. Me sorprendió y también me estimuló ese cambio &lt;i&gt;completo&lt;/i&gt; que incluía tanto mi interior como el entorno que me rodeaba. Cuando muchas páginas después abandoné de nuevo la lectura dejé el libro sobre la tumbona y pensé que la siguiente sesión sería otra vez con Pasavento, pero arriba, en el sillón del dormitorio, con los rayos del sol jugueteando en mis tobillos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así es como estoy leyendo estos últimos días. (He dejado otro en el cuarto de baño, &lt;i&gt;Acción de gracias&lt;/i&gt;, de Richard Ford, porque siempre me llevo un volumen a esos menesteres. Éste, un tomo de más de setecientas páginas, lo leo a cachos aleatorios, abriéndolo al azar y ocupándome de unas pocas hojas cada vez.) El experimento (cambio de libro y de ambiente), ejecutado ahora de manera premeditada, me está resultando de lo más placentero, aparte de otra cuestión mucho más importante y sutil que creo atisbar entre tanto ir y venir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se trata de la fuerte sensación de déjà vu que me asalta después de avanzar varias páginas en cada novela, de estar leyendo, en el fondo, sobre lo mismo en todas ellas. Quizás esto que digo se contradice con la sorpresa inicial que mencionaba antes, al encontrar una historia cuando esperaba la otra, pero eso sólo sucede al principio, después las ideas de base se van asentando por sí mismas y se recolocan las de los cuatro tomos sobre una &lt;i&gt;sustancia&lt;/i&gt; común que las hace inseparables. Y la cosa no queda aquí. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La sensación de sintonía trasciende a las lecturas y la reconozco también en los sustratos más determinantes de las cosas que me rodean. Levanto la vista, aguzo el oído, afino el olfato. El olor a hierba regada y al agua clorada de la piscina, el rumor de una escoba de esparto en la casa vecina, el murmullo de una cortacésped lejana, el silbido de entretiempo de una pajarita de las nieves en vuelo sobre la copa de los árboles, el verde tierno y casi traslúcido de las hojas contra el sol, la pupila vertical que desgarra el iris del gato cuando me mira, el ronroneo de su cuerpo mullido sobre mis muslos. En todo ello encuentro algo inseparable de la lectura. Recuerdo entonces haber leído en &lt;i&gt;Doctor Pasavento&lt;/i&gt; que &lt;b&gt;la &lt;i&gt;verdad&lt;/i&gt; engloba a la realidad y a gran parte de la ficción&lt;/b&gt;.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Creo que entiendo de qué habla Vila-Matas. No sé si lo habré expresado bien, no sé si se entenderá, ni si alguien lo habrá experimentado así, o si la idea original no se habrá desmoronado en el intento de trascribirla, pero lo que sí sé es que la sucesiva sensación de instantánea sintonía con la verdad me ha aligerado tantísimo de deberes y obligaciones que he dejado momentáneamente de sentirme abrumado por las gilipolleces. &lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/29884793-6820067649450123725?l=hanksiolitiko.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://hanksiolitiko.blogspot.com/2008/09/he-dejado-el-libro-city-de-alessandro.html</link><author>noreply@blogger.com (Hank)</author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_voCyRtC-_u4/SNORJxA-gXI/AAAAAAAAALU/Ok59QTaJbgA/s72-c/city.jpg' height='72' width='72'/><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>10</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-29884793.post-5021168861205159562</guid><pubDate>Wed, 10 Sep 2008 18:59:00 +0000</pubDate><atom:updated>2008-09-10T21:04:37.252+02:00</atom:updated><title>Pudo suceder en Francia...</title><description>&lt;object width="425" height="344"&gt;&lt;param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/sWPZa1cTJYs&amp;hl=en&amp;fs=1"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowFullScreen" value="true"&gt;&lt;/param&gt;&lt;embed src="http://www.youtube.com/v/sWPZa1cTJYs&amp;hl=en&amp;fs=1" type="application/x-shockwave-flash" allowfullscreen="true" width="425" height="344"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/29884793-5021168861205159562?l=hanksiolitiko.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://hanksiolitiko.blogspot.com/2008/09/recuerdos-de-pars.html</link><author>noreply@blogger.com (Hank)</author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-29884793.post-2119544328748928824</guid><pubDate>Wed, 10 Sep 2008 18:43:00 +0000</pubDate><atom:updated>2008-09-10T20:48:47.006+02:00</atom:updated><title>Sobre escribir o no escribir</title><description>&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_voCyRtC-_u4/SMgV1Y6R6AI/AAAAAAAAAK8/kU0rn5p59Hw/s1600-h/vila-matas.bmp"&gt;&lt;img style="float:left; margin:0 10px 10px 0;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://1.bp.blogspot.com/_voCyRtC-_u4/SMgV1Y6R6AI/AAAAAAAAAK8/kU0rn5p59Hw/s320/vila-matas.bmp" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5244465773037086722" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;“Se escribe con la angustia de verse deshonrado por una obra fallida. El fracaso de una obra supone una gran vergüenza personal, porque uno no ha podido demostrar ni su inteligencia ni su talento. Encima queda uno como un vulgar ambicioso, un trepador de medio pelo. La angustia domina pues la realización de la obra artística, pero lo peor no es eso, lo peor llega cuando no llega el fracaso sino que la obra resulta más o menos lograda y consigue aplausos y, sin embrago, no se obtiene de todo eso ni siquiera una íntima satisfacción. Y es que en realidad no hay nada ahí en el reconocimiento, nada. Una obra lograda vive su propia vida, existe en alguna parte, al margen, y poco puede hacer ya por la vida de su autor. Y encima, para colmo, al autor lo agobian de pronto con superficiales felicitaciones, aplausos de  honor dudoso, grandes manotazos en la espalda, petición de ridículos autógrafos, cartas tétricas de amor, invitaciones a anudarse una soga al cuello en cualquier premio nacional.” &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Doctor Pasavento&lt;/em&gt;, de Vila-Matas&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/29884793-2119544328748928824?l=hanksiolitiko.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://hanksiolitiko.blogspot.com/2008/09/sobre-escribir-o-no-escribir.html</link><author>noreply@blogger.com (Hank)</author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_voCyRtC-_u4/SMgV1Y6R6AI/AAAAAAAAAK8/kU0rn5p59Hw/s72-c/vila-matas.bmp' height='72' width='72'/><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>11</thr:total></item></channel></rss>